Sciascia L Los Tios de Sicilia

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  • LOS TIOS DE SICILIALeonardo Sciascia

    Ttulo original: Gli z di Sicilia

  • LOS TIOS DE SICILIA Leonardo Sciascia

    @ Giulio Einaudi editore s.p.a.,

    Turn, 1958 (D por la traduccin, Alfredo Citraro, 1992 @ Tusquets Editores, S. A., 1992 (D Editorial Planeta, S. A., 1997, para esta edicin Crcega, 273-279, 08008 Barcelona (Espaa)

    Primera edicin: mayo de 1997 Depsito Legal: B. 13.270-1997 ISBN 84-08,46186-9 Impresin y encuadernacin: Cayfosa Printed in Spain Impreso en Espaa

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    INDICE

    LA TA DE AMRICA

    LA MUERTE DE STALIN

    EL QUARANTOTTO

    EL ANTIMONIO

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    Los dos primeros cuentos, La ta de Amrica y La muerte de Stalin, son el retrato satrico de una poblacin como la siciliana, dejada de la mano de Dios despus de la segunda guerra mundial, y dividida entre las edulcoradas promesas del American Way of Life y la gran esperanza comunista. El quarantotto, sinnimo en Sicilia de desorden y barullo, nos sita en 1848, ao en que llega, con el creciente espritu de unificacin y nacionalismo, la revolucin a un pueblo perdido de la isla italiana. Finalmente, El antimonio acerca inesperadamente, debido a las nefastas circunstancias de la poca, Italia a Espaa : un minero italiano, llevado por la necesidad y el hambre, se ve obligado a enrolarse en las filas fascistas que luchan durante la guerra civil al lado de Franco. Irona y paradoja salpimientan en todo momento estos relatos de juventud del gran escritor italiano.

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    La ta de America

    Filippo silb desde la calle a las tres de la tarde. Me asom a la ventana.Ya llegangrit.Baj a toda prisa las escaleras. Mi madre grit algo a mis espaldas.En la calle, deslumbrante de sol, no haba un alma. Filippo estaba medio

    oculto en el portal de la casa de enfrente. Me cont que el podest,*1 el prroco y el suboficial esperaban a los americanos en la plaza; un campesino haba trado la noticia de que se hallaban en el puente de Canalotto: no tardaran en llegar.

    En la plaza, en cambio, haba dos alemanes. Haban desplegado un mapa en el suelo y uno de ellos sealaba una calle con el lpiz, pronunciaba un nombre y alzaba la mirada hacia el suboficial, que deca: S, de acuerdo. Luego Plegaron el mapa y se dirigieron hacia la iglesia; bajo el Prtico haba un coche cubierto con ramas de almendro. Sacaron una barra de pan y jamn. Pidieron vino. El suboficial envi a un carabiniere a que trajese una botella de la casa del Prroco. Estaban inquietos por aquellos dos alemanes que coman tan tranquilos; sentan miedo e impaciencia, tanta como para que el prroco se decidiese a aflojar una botella de vino. Los alemanes comieron, vaciaron la botella hasta la ltima gota y encendieron los cigarros. Luego se alejaron sin el menor gesto de saludo. El suboficial se Percat entonces de nuestra presencia y, amenazndonos con una patada, grit que nos marchsemos.

    Nada de americanos, pues; eran alemanes. Quin sabe cundo llegaran los americanos. Para consolarnos, fuimos al cementerio. Era un lugar alto; desde all se vean los aviones de doble cola lanzarse en picado sobre la carretera de Montedoro y ascender de nuevo al cielo mientras a lo largo del camino se formaban nubes negras; despus oamos un estrpito, como de cntaros que estallasen. Los camiones quedaban ennegrecidos en el camino. El silencio se prolongaba, y los de doble cola volvan a herirlo con las explosiones. Era bonito ver cmo se precipitaban sobre la carretera y, en un instante, reaparecan en el cielo. A veces volaban bajo por encima de nosotros y agitbamos las manos para saludar al americano que, suponamos, estara mirndonos. Pero esa misma noche trajeron al pueblo a un carretero con el vientre reventado y a un chaval de nuestra edad herido en una pierna: haban agitado las manos y el doble cola haba lanzado una rfaga de ametralladora. Hacan tiro al blanco, disparaban incluso a las gavillas de trigo, a los bueyes que pacan entre los rastrojos.

    Al da siguiente, Filippo y yo fuimos al campo, al lugar donde haban herido al carretero; all, alrededor, haba casquillos grandes como los del calibre 12 de mi padre. Nos llenamos los bolsillos. Silencioso y resplandeciente, el campo entero nos perteneca. Los campesinos no podan salir del pueblo porque los soldados bloqueaban las calles; nosotros cogamos un camino de cabras que conduca a una cantera y luego al campo abierto. Entre los frutales que bordeaban el sendero, haba los que dan esas almendras de cscara verde y spera y por dentro son blancas como la leche; almendras cuajadas las llaman,

    1 * Podest: Alcalde nombrado por el Gobierno durante el perodo fascista. (N. del T.)

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    y ciruelas de mayo, todava verdes y agrias, que daban dentera. Cogamos tantas como podamos llevar y despus los soldados nos daban milit*2 a cambio. Los milit eran nuestro gran recurso; durante un ao entero constituyeron nuestro gran recurso. Los hombres fumaban cualquier cosa en aquellos tiempos. Mi to haba probado los pmpanos de la vid rociados con vino y luego horneados, las hojas de berenjena remojadas en vino con miel y luego secadas al sol, las barbas de las alcachofas maceradas en vino y luego horneadas;

    El militar eso pagaba hasta media lira por un milit. Yo primero fijaba el precio, peda un anticipo y despus sacaba los dos o tres cigarrillos del da. Por la noche trataban de recuperar el dinero o buscaban ms cigarrillos; yo finga dormir y vea cmo sacudan mi ropa y hurgaban en los bolsillos. Jams encontraban nada; siempre cuidaba de gastar hasta el ltimo cntimo antes de regresar a casa, y, si me quedaban cigarrillos, nada ms entrar los esconda en el paragero. Nadie deseaba malquistarse conmigo a causa de los cigarrillos que suministraba a mi to. Cuando mi padre se enfureca conmigo por mi comportamiento de usurero, el to lo calmaba por temor a que el comercio se extinguiese. Mi to daba vueltas por la casa diciendo siempre: Sin fumar me muero; me miraba con odio y luego me preguntaba con dulzura si no tena un milit. Una vez, un soldado que vena de Zara me dio un paquete de veinte Serraglio a cambio de un par de huevos que yo haba robado en casa. Mi to pag por l 12 liras. Por la noche no me quedaba un solo cntimo; mi padre me quera matar, pero el to se interpuso para protegerme; estaba obligado a hacerlo, de lo contrario al da siguiente no habra tenido ni siquiera el cigarrillo de despus del caf de cebada, momento en que las ganas de fumar lo sofocaban. Desde que las campanas haban tocado a rebato y de la calle nos haban gritado la noticia de que los americanos estaban en Gela, mi to se comportaba como un poseso: yo haba aumentado los milit a una lira. Al tercer da de emergencia, el bedel de la escuela, al pasar, grit a mi to:

    Los hemos vuelto a echar; los alemanes han atacado en la Favarotta; ha sido una carnicera.

    Entre la arena y el mar, ya lo deca el Duce, entre la arena y el mar entr gritando mi to, y declar que no pagara ms de media lira por cigarrillo.

    La noticia era falsa, y por la noche se restableci la cotizacin de una lira.Filippo venda los cigarrillos a su hermano y tambin al camarero del casino

    de los seores, quien luego los revenda ms caros a algn socio. El dinero nos lo jugbamos a las chapas o a cara y cruz con otros chavales, o comprbamos una pasta dulzona hecha con algarrobas, y todas las noches haba cine. Filippo tena una habilidad especial en acertar con un escupitajo a una moneda de dos cntimos a diez pasos de distancia, al hocico de un gato recostado al sol, a la pipa de los viejos que parloteaban sentados ante el Circulo del Mutuo Socorro. Yo erraba el tiro por un buen palmo, pero aun as iba al cine, no poda fallar. Era un viejo teatro, y siempre bamos al gallinero. Desde lo alto, en la penumbra, pasbamos dos horas escupiendo a la platea, en oleadas, con algunos minutos de intervalo entre un ataque y otro; la voz de los que haban sido tocados se alzaba violenta en el silencio:

    2 * Milit: Racin de tabaco de los soldados norteamericanos. (N. del T.)

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    Hijos de puta!Se haca de nuevo el silencio, se oa destapar alguna botella de gaseosa, y

    otra vez:Hijos de ... !Hasta la voz del guardia municipal emerga amenazadora de aquel foso:Como hay Dios que si subo os hago pedazos,Pero nosotros estbamos seguros de que nunca se decidira a subir. Cuando

    en la pelcula haba escenas de amor, comenzbamos a soplar fuerte, como presas de un deseo incontenible, o hacamos ese ruido tpico de chupar caracoles que pretenda ser el sonido de los besos; era algo que, en el gallinero, hacan incluso los mayores. Y tambin esto suscitaba las protestas de la platea, aunque con cierta indulgencia y compasin.

    Pero, qu les pasa? Se estn muriendo? Parece que estos hijos de puta nunca hayan visto a una mujer...

    No sospechaban que gran parte de aquella bulla la armbamos nosotros dos, que en las historias de amor de las pelculas hallbamos un estmulo para escupir sobre aquellos estpidos que miraban aturdidos.

    Durante los das de emergencia, sin embargo, el cine estaba cerrado. No se poda ir por la calle sin un permiso por escrito del suboficial; mi padre lo tena para ir al trabajo. Por las calles desiertas slo haba carabinieri y militares. Los soldados estaban en las escuelas, echados en los catres; jugaban a la morra, maldecan... y pasaban hambre. Al mayor de barba blanca que los mandaba no se lo haba vuelto a ver; tampoco al capitn, ni al teniente. Estaba el sargento mayor, que cuando no tocaba la corneta como un demente cabeceaba de aburrimiento. Cuando haba cine ninguno de ellos tena ganas de ir; aqu el cine todava era mudo, y a ellos les causaba gracia. Ahora ni siquiera haba cine.

    El 10 de julio, al salir el sol, las campanas tocaron a rebato y el pueblo se qued vaco como una concha; la vida tena el mismo sonido hueco e indescifrable que se oye al acercarnos una caracola al odo. La gente encerrada en sus casas, las tiendas con las puertas entornadas como cuando pasa un coche fnebre y un rumor de espera, de ansiedad. Nosotros caminbamos pegados a las paredes y nos metamos en los portales para evitar enfrentarnos a los carabinieri. Era bonito aquel pueblo desierto y lleno de sol; nunca habamos odo el sonido de las fuentes tan fresco y agradable, y los brillantes aviones que vibraban all arriba hacan que tambin el cielo nos pareciese ms vaco y lejano. Para nosotros, era como si los americanos no quisieran venir a este pueblo tan silencioso, tan muerto; como si estuviesen a punto de rodearlo con un cerco y dejarlo as, sumido en la ansiedad de la espera: les bastaba con mirarlo desde lo alto, blanco y silencioso como un cementerio.

    El padre de Filippo era carpintero. Haba sido socialista y a menudo lo llamaban del cuartel y lo retenan all durante unos das. Cada vez que vea a un militar Filippo deca: "Cornudos" y cuando poda le estampaba la espalda de escupitajos. Por eso esperaba a los americanos, su padre quera darse el gusto de contemplar cmo se las veran todos esos cabrones que lo acuartelaban. Si bien mi padre jams haba hablado mal de los fascistas, yo estaba de parte de Filippo, de su padre, que tena un taller que ola a madera y barniz y al humo dulzn que emanaba del cazo de la cola, que herva fuera sobre un hornillo y me dejaba un particular sabor de boca. Tambin yo esperaba a los americanos. Mi madre me hablaba de Amrica; all viva una hermana suya rica, tena un gran estore y

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    cuatro hijos, uno de ellos ya mayor, que bien poda estar entre los soldados que esperbamos. Y Amrica era para m el estore grande de mi ta, que era una tienda grande como la plaza del Castello, llena de cosas buenas, de trajes y caf y enormes pedazos de carne; y el hijo soldado de mi ta que se hallaba en medio de esas cosas buenas y que sin duda era un as con el faigt y para contar cosas del estore de Amrica, y para repartir faigt a los cabrones que le sealara el padre de Filippo.

    Pero los americanos no llegaban. Tal vez se haban quedado en el pueblo de al lado y estaban echados en los catres jugando como nuestros soldados, que gritaban nmeros mientras sacaban de golpe los dedos del puo cerrado, decan palabrotas y aseguraban que acabaran prisioneros. Un da pidieron ropa vieja para hacerse pasar por paisanos y no acabar prisioneros. Se lo dije a mi madre y me dio toda la ropa vieja de mi padre y mi to, e incluso Filippo trajo alguna. Los soldados se pusieron contentos, y los que se quedaron sin ropa fueron a dar una vuelta por el pueblo para conseguirla. Esto me gustaba, porque quera decir que los americanos llegaban de verdad.

    El da en que se dijo que los americanos estaban al caer y en cambio se trataba de los dos alemanes de paso, la noticia se difundi misteriosamente por todo el pueblo: mi padre y mi to se dedicaron a quemar carnets fascistas, retratos de Mussolini y folletos sobre el Mediterrneo y el imperio; las insignias metlicas y las condecoraciones de los uniformes las tiraron al tejadillo de la casa de enfrente. Pero a la maana siguiente, del mismo modo misterioso, corri la voz de que los alemanes, esta vez en serio, estaban echando a los americanos hacia el mar, entre Gela y Licata. El secretario poltico, que, prudente, desde haca algunos das permaneca sin moverse de casa, volvi a salir: lanzaba unas miradas en torno que, segn mi padre, se detenan en los ojales donde sola ajustarse la insignia fascista y, si sta no estaba, miraba a la cara con glida reprobacin y desprecio, como diciendo que se acordara implacablemente de todos los granujas que haban tirado sus distintivos al tejadillo. Mi padre no crea que los alemanes pudieran realmente echar a los americanos hacia el mar, pero las miradas del secretario poltico lo fastidiaban. Nos propuso, a Filippo y a m, que buscsemos las insignias en el tejadillo de la casa de enfrente; en compensacin prometi darnos dos liras. No era algo difcil, pero mi madre tena mucho miedo y no paraba de lanzar imprecaciones contra el fascismo y las insignias; poda consentir que subiese Filippo, pues era, deca, ms gil y fuerte, pero no su hijo, que tena las piernas como palillos y tomaba Protn. Filippo se senta halagado, aunque titubeaba; pero yo quera subir. Ped las liras por adelantado y mi padre, entre insultos, pag. Cogimos la escalera de mano y subimos al tejadillo. Mi padre guiaba la bsqueda desde el balcn de casa.

    Pero, estis ciegos? No veis cmo brilla aqulla? Ms a la derecha, detrs de ti... Si la tenis delante de los ojos! No, ms a la izquierda...

    Nos quedamos paseando por el tejadillo aun despus de haber encontrado las insignias.

    Para mi padre fue una clarsima prdida de dos liras, porque justo en ese momento llegaban los americanos y hubo que hacer desaparecer de nuevo las insignias, aunque esta vez las tena al alcance de la mano y las enterr en la maceta del perejil.

    Andbamos an por el tejadillo cuando de pronto nos sorprendi un gritero confuso, como si de improviso encendieran una radio que est transmitiendo un

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    partido de ftbol en el preciso momento en que estn a punto de marcar un gol. Durante unos instantes, la maravilla de que en el pueblo, tan silencioso, explotase tal clamor nos dej petrificados, pero intuimos enseguida de qu se trataba: bajamos a toda prisa por la escalera, nos pusimos los zapatos, que habamos dejado en la calle, luchando por calzrnoslos ya que siempre nos iban estrechos, y corrimos hasta el final de la calle mientras mi madre gritaba angustiada que volvisemos a casa, que podan disparar, que podran llevrsenos, que haba negros y quin sabe adnde nos llevaran.

    En la plaza haba un gran gento que gritaba y aplauda, pero la voz del abogado Dagnino se elevaba sobre todas las dems; era un hombre alto y robusto a quien yo admiraba por la forma en que gritaba los ia.*3

    Viva la repblica estrellada!gritaba ahora, y bata Palmas.Los botellones de vino, pasados de mano en mano, sobrevolaban la multitud;

    siguiendo su recorrido llegamos a los americanos: eran cinco; llevaban gafas negras y largos fusiles. El prroco de San Rocco, en pantalones y sin alzacuello, hablaba con ellos, plido y sudado.

    Plis, plis deca una y otra vez.Pero los americanos no lo oan. Parecan borrachos. Miraban en tomo y

    echaban nerviosas bocanadas de humo. Los vasos de vino que con dulce violencia les ofrecan eran rechazados. El abogado Dagnino estaba de pie sobre una de las sillas del crculo.

    Viva la repblica estrellada!segua vociferando.Y el padre de Filippo, que vino a buscarnos abrindose paso entre la multitud

    y nos llev con l, nos deca: Venga, vamos a casa; od cmo grita ese cornudo todas las carroas han

    salido a la luz.A m me pareca algo bueno que incluso el abogado Dagnino estuviese all,

    gritando contento, vociferando: Viva la repblica estrellada como otra vez, desde el balcn de la estacin, haba gritado: Duce, la vida por ti. El abogado Dagnino gritaba siempre que haba fiesta. No lograba entender por qu al padre de Filippo, que haba esperado tanto a los americanos, no le pareca una fiesta; y nos llevaba a casa, la cara plida y adusta, la mano que senta temblar en mi espalda.

    Una vez en el taller, dije: Me voy a casa.Y me alej sin ms: no quera perderme nada de la fiesta.En la plaza me encontr con que los americanos haban conseguido abrir un

    poco de espacio a su alrededor; sostenan los fusiles inclinados, como cuando mi padre, en el campo, esperaba el paso de las calandrias. El gento se agolpaba bajo los escudos de la sede del partido fascista; intentaban hacerlos caer armados con prtigas, pero estaban enganchados al balcn; finalmente animaron a uno a que se aferrase de la reja y, nada ms saltar dentro, lo aplaudieron. Los escudos cayeron con estrpito y fueron recibidos a patadas y arrastrados por la plaza.

    Los americanos observaban e intercambiaban entre ellos alguna frase sin

    3* ia: Grito de incitacin y ovacin usado en el periodo fascista. (N. del T.)

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    prestar atencin al cura que deca: Plis, plis.Y el abogado Dagnino, que ya no gritaba, se haba acercado a la patrulla y

    susurraba algo al odo del que llevaba las bandas negras en la manga, tal vez el cabo. Luego apareci el sargento mayor con cuatro carabinieri y los fusiles de los soldados se alzaron hacia ellos; cuando estuvieron cerca, un americano se situ a sus espaldas y, con gran habilidad, los deshizo de sus pistolas. De nuevo estallaron los aplausos.

    Viva la libertad!grit el abogado Dagnino.De repente, una bandera americana surgi sobre la muchedumbre. La

    sostena con firmeza el bedel de la escuela primaria, un hombre que cada sbado a la hora de la siesta paseaba uniformado por el pueblo con la banda roja de escuadrista y que, cuando se encolerizaba, la emprenda a patadas con los nios en el patio de la escuela; luego, cuando los padres iban a protestar, el director deca:

    Qu queris que haga? Este bendito individuo es intratable, tarde o temprano acabar por ponerme la mano encima incluso a m; pero ha participado en la marcha, y el Duce hasta le regal una radio...

    Ahora esgrima la bandera norteamericana y gritaba:Viva Amrica!Los americanos, sin embargo, no reparaban en el cortejo que se estaba

    formando detrs de la bandera. Hablaron con el cura y ste le dijo al sargento mayor:

    Quieren que usted vaya con ellos.El sargento dijo que s y march con la patrulla. Si hubiese estado Filippo los

    habramos seguido, pero yo solo no tena ganas. Me qued a observar a la gente, cerca de los cuatro carabinieri desarmados que no saban adnde mirar: parecan perros apaleados.

    Un rato despus comenzaron a salir por todas partes coches blindados y camionetas. El gento abri paso entre aplausos, mientras los soldados tiraban cigarrillos y algunos de ellos, cmara en mano, hacan fotos a la batahola que los segua.

    No s muy bien por qu, pero sent crecer dentro de m un repentino acceso de llanto. Quiz fue por los carabinieri, por aquella bandera que se elevaba sobre el gento, o por Filippo y su padre, que se haban quedado solos en el taller, 0 Por mi madre. Me asalt una irreprimible ansiedad por ver mi casa; era casi como si temiese no volver a encontrarla como la haba dejado. Volv a subir corriendo la calle, ahora bulliciosa, y cuando cerr el portn a mis espaldas me sent como en un sueno, como si estuviese dentro de un sueo soado por alguien, subiendo cansado las escaleras con un nudo en la garganta.

    Mi padre estaba hablando de Badoglio. Mi to, abatido como un saco de patatas, se anim al verme entrar; sac del bolsillo un paquete de cigarrillos Raleigh, que tenan un hombre con barba, e, imprimiendo a su voz un tono de hipcrita dulzura, me pregunt:

    Cunto me habras hecho pagar por un paquete de stos?Romp a llorar.Lloradijoque el chollo se te ha acabado en serio. stos, aunque me

    condenen a muerte, no me negarn los cigarrillos.Djalo en pazdijo mi madre.

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    En la plaza pegaron carteles. Uno empezaba: I, Harold Alexander.. y mi padre explic que queran los fusiles, las pistolas,

    hasta las bayonetas. Otro cartel pona que los soldados deban permanecer alejados del pueblo; pero ellos, obviamente, no lo cumplan: por la noche, la plazuela estaba llena de jeeps; los soldados buscaban mujeres, las llevaban a los bares y beban; sacaban el dinero a puados de los bolsillos de los pantalones, lo echaban encima de la mesa y beban de las botellas. Se sentaban a las mujeres sobre las piernas y beban. Eran mujeres sucias, lascivas, de una fealdad desconcertante; haba una que en el pueblo la llamaban Bicicleta, pues caminaba como si pedalease en una subida; a m me pareca ms bien un cangrejo. Se la sentaban en las rodillas y pasaba de un soldado a otro; le pegaban la botella a la boca y ella se bamboleaba empapada, gimiendo palabras obscenas. Los soldados rean, luego la tiraban como un saco en el jeep y se la llevaban. Muchos de ellos hablaban nuestro dialecto; los primeros das se crea que no entendan una sola palabra, y acaso los primeros que pasaron, que eran de una divisin llamada Texas, de verdad no entendan; pero luego ocurri que, en un bar, un americano pidi una botella, la seal en el estante e hizo el ademn de querer pagar; un muchacho que se hallaba en el bar dijo al dueo:

    Pdele diez dlares.Al que se los tiene que pedir es al cornudo de tu padredijo el americano

    en dialecto.Alimentada con dlares de sello amarillo y con amlire,*4 la rufianesca local

    estaba en pleno apogeo. Algunos facilitaban a los soldados encuentros con mujeres ms recatadas, de esas que jams iban a un bar porque teman las miradas de la gente y, en particular, las de sus recelosas suegras; mujeres cuyos maridos estaban ausentes. Por esta clase de mujeres, los americanos venan a altas horas de la noche y, para despejar el pueblo y que no se llegase a saber que en ciertas casas se reciba a hombres a horas semejantes, los soldados armaban un gran tiroteo en la plaza. Esta haba sido una artimaa sugerida por los mismos alcahuetes, y result tan buena que luego la aprovecharon los del mercado negro para cargar y descargar los camiones sin ser observados. Al or el tiroteo, todos se encerraban en sus casas: ni siquiera se quedaban a tomar el fresco en el balcn; a mi to, que se obstinaba en permanecer porque crea morir de calor, deca; yo creo que era por curiosidad le pas silbando un proyectil junto a la oreja y a toda prisa entr en la casa maldiciendo a gritos.

    No obstante, estas preocupaciones de los americanos para salvaguardar el honor de las mujeres recatadas servan slo hasta cierto punto; de cualquier modo siempre se saba quines eran las mujeres que abran la puerta: bastaba un altercado junto a la fuente, una de esas peleas en que, para coger agua, se discute con violencia por el turno y, de manera circunstancial, salen a la luz el da, la hora y el nombre del alcahuete. Nosotros estbamos informadsimos. Filippo conoca a las de su barrio y yo a las del mo. Lo que estas mujeres hacan con los americanos, lo que un hombre poda hacer con una mujer, era para nosotros una fantasa nebulosa. Sabamos que las mujeres se desnudaban, solamos ir a Matuzzo, donde haba una gran fuente, Para espiar, escondidos tras

    4 *Amlire (Allied millitary lira): Billete, emitido por el gobierno militar aliado de ocupacin, que circul en Italia entre 1943 y 1950. (N. del T.),

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    un matorral, las piernas de las lavanderas: cuando se percataban de nuestra presencia nos echaban gritando que nos fusemos a espiar a nuestras madres o hermanas; quiz los americanos pagaban por observarlas sin que los echasen y, como en el cine, para besarlas. Rousseau dira que estbamos en esa edad en que en la mente hay ms palabras que cosas; y, la verdad, palabras tenamos, incluso para las cosas que no conocamos y que no logrbamos imaginar, palabras de lo ms procaces y atroces. Un chaval de nuestra edad que nos traa cajas de racin K, que contenan caramelos, azcar en terrones, un queso de color rosa y galletas, acababa siempre llorando a fuerza de que le repitisemos:

    Quin te da estas cosas? Te las da el americano de tu madre. Nunca has visto lo que hace tu madre con el americano?

    Y adaptbamos las palabras ms prohibidas a gestos imaginados.El chaval deca que no, que el americano era un pariente, que su madre no

    haca esas cosas; luego rompa a llorar y nosotros lo dejbamos as, pero al da siguiente vena a buscamos de nuevo, traa la racin K y deca:

    El americano es mi to, no debis decir esas cosas.De todos modos, siempre acababa igual.Los americanos queran los fusiles; decan que ms tarde los devolveran. Mi

    padre se hizo grabar el nombre en la culata del suyo, que era un fusil belga de buena calidad, l deca que no haba otro igual; hizo grabar su nombre porque no se fiaba de que se lo devolvieran. Luego sac un par de pistolas que yo jams haba visto, una era de esas grandes como un brazo, que se cargan por la boca; y, adems, una espada cubierta de herrumbre, que no tena punta, pero quin sabe cuntos problemas nos haran pasar los americanos si la encontraban en casa. El da de la entrega yo tambin quise ir: haba un soldado americano y el sargento de los carabinieri,el sargento escriba en un registro, y de nosotros anot: un fusil, dos pistolas, una espada; mi padre dijo que deba apuntar tambin la matrcula y la marca y el sargento se impacient.

    Djelo todo ah dijo que del resto me encargo yo.No haba duda de que estaba molesto. Ahora le iba mejor que antes, iba de

    putas con los americanos y tena, decan, una habitacin repleta de cajetillas y cartones de cigarrillos.

    Mi padre pos suavemente el fusil sobre una pila de armas. Creo que en ese momento comprendi que no exista la menor esperanza de recuperarlo. Estuvo malhumorado durante todo ese da y el siguiente y cada vez que se hablaba de fusiles. Con el tiempo le devolvieron un fusil, dos pistolas y una espada, pero slo la espada vala la pena, el fusil y las pistolas servan para venderlos como chatarra.

    Haca rato ya que Filippo se diverta en el patio del cuartel donde se entregaban las armas. Cuando mi padre se march, yo me qued tambin para mirar; era como una procesin: nada ms hecha la entrega, los campesinos salan lanzando maldiciones.

    Ahora los ladrones tienen ametralladoras y la gente honrada ni siquiera una carabina de baqueta, decan.

    Y era verdad, rondaban ladrones; a dos que encontraron con el mosquetn y la mscara, los absolvi paternalmente el mayor americano, un hombre muy blanco y erguido; decan que en su tierra enseaba filosofa, quiz porque aqu todo lo que resulta extrao lo hacen derivar de la filosofa. El mayor absolvi a los dos ladrones, les recomend una vida tranquila y honesta y trabajo. El intrprete

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    traduca con una cara que pareca decir: No entiendo nada, hay que ver lo imbciles que son los americanos ... . Y luego el abogado defensor, que no haba logrado decir una palabra, maldijo hasta a Coln; absueltos de esa manera, era difcil que aquellos dos soltaran unos cientos de liras.

    A nosotros nos gustaba el mayor; le bamos detrs por las salas del Ayuntamiento y nunca nos mand largarnos, cada tanto nos miraba y deca con dificultad:

    Pequeos sicilianos...Deba de ser un buen hombre. Tal vez tena hijos pequeos en su casa, en

    Amrica. Tambin el soldado que estaba de guardia en la consigna de los fusiles tena cara de bueno; masticaba chicle y sonrea; cambiaba alguna frase con el mayor y luego segua masticando, silencioso Y sonriente. Quiz pensaba en su casa, en la Amrica de los rascacielos y los automviles, en su madre que miraba desde una ventana alta. No pareca percatarse de nuestra presencia; cuando se inclin para ofrecernos chicles, cremos que nos quera echar y en cambio nos dio los chicles y dijo:

    Son buenos, no son de menta.Era obvio que no le gustaba la menta; a m tampoco me gustaba.Gracias dije, y tambin Filippo.Con los extranjeros logrbamos pasar por chicos educados, sabamos incluso

    hacer el parip, aunque estos modales los reservbamos para la hora de la catequesis. El americano nos miraba sonriente.

    Tengo una ta en Amricadije; pensaba que de algn modo deba trabar amistad.

    Oh, en Amrica dijo el americano.S, en Bruclin.Yo tambin vivo en Bruclindijo el americano Bruclin es muy grande.Cmo de grande?pregunt Como este pueblo?Saba bien que era grande como este pueblo y Canicatt y Girgenti juntos, o

    tal vez ms, y que slo era un barrio de Nueva York. Pero no quera que se agotara la conversacin.

    Ms granderespondi Ms grande.Es grande como Palermodijo Filippo yo lo s. Mi padre ha estado en

    Amrica.S, como Palermoconvino el soldado.En Palermo hay mardije Tambin Porto Empedocle da al mar. Yo he

    estado en Porto Empedocle, antes de la guerra, aunque slo me acuerdo de las barcas. En Bruclin hay mar?

    Est cerca del mardijo el soldado Cogemos el coche y vamos al mar.Es bonito Bruclin?pregunt Filippo. Yo, en cambio, habra querido seguir

    hablando de coches.Norespondi Esto s que es bonito.Y la guerradije te gusta hacer la guerra?El soldado sonri.Tambin la guerra es fea dijo Mueren incluso nios como vosotros.

    Pero esto es bonito.Sobre el patio, el cielo pareca el agua de la colada cuando se disuelve, el

    azulete: las nubes eran como de espuma, y el campanario de arenisca de la iglesia de San Giuseppe pareca de oro.

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    Vienes conmigo? dijo el sargento mayor.El soldado se fue sin saludarnos.Al da siguiente volvimos al patio del cuartel; el soldado estaba sentado en el

    mismo sitio, lea un libro y mascaba chicle. Cuando nos vio, dijo:Holay se puso a leer de nuevo.Al rato cerr el libro, sac el paquete de chicles y nos ofreci uno.Chuin gamdijo As es como se llama.Y los caramelos, cmo se llaman?pregunt Filippo.Se llaman kendidijo hay kendi de todas clases en Amrica.Aqudije yono hay kendi.Ni siquiera hay patatas dijo Filippo Yo ya no me acuerdo de qu gusto

    tienen las patatas, cuando era pequeo siempre coma.Hay un guardia municipal que vende patatas a escondidas; las vende

    caras, mi padre dice que resulta mejor comprar carne.Sdijo Filippo carne; no hay pan y quieres encontrar carne.Por qu no trais trigo?pregunt al americano Mi padre dice que tiris

    el trigo al mar.No es verdad que lo tiremos al mardijo no tenemos barcos para

    transportarlo. Cuando termine la guerra traeremos trigo.Y la guerra, acabar pronto?pregunt Cuando acabe la guerra vendr

    mi ta.De Bruclindijo l Vendr de Bruclin. Pero la guerra es larga, quin sabe

    cundo terminar...Mi ta tiene un estore en Bruclindije Un gran estore. Antes de la guerra

    enviaba paquetes y meta dlares en las cartas, incluso a m me mandaba un dlar por Navidad.

    La ta de l es rica dijo Filippo al soldado.Tiene dos cochesaad Y uno es grande, muy brillante. Lo he visto en

    una fotografa.Cuando termine la guerra dijo el americano tu ta vendr con su

    brillante coche grande. Yo tambin vendr con el coche, esto es muy bonito.Tienes coche?pregunt Cmo es tu coche?En Amrica todos tenemos coche. ste es el mo.Sac un portadocumentos del bolsillo, y del portadocumentos una fotografa.

    Era un coche largo y reluciente, l se apoyaba con una mano en una de las puertas, haba una mujer gorda con un vestido floreado y dos nios en camiseta; y, detrs, rboles.

    Tu padre no estdije.No, no estdijo Mi padre muri.Una vez yo vi un muertodijo Filippo Era un alemn, lo tiraron muerto

    del aparato; cay aqu cerca. Luego, por la noche, so con l: me pareca vivo. Nunca ms ir a ver a los muertos.

    Y qu te hacen los muertos?dije; jams haba visto uno ni hubiera querido verlo Los muertos, cuando mueren, ya no existen. Me habra gustado ver al alemn muerto. Has visto alemanes muertos?pregunt al soldado.

    Srespondi he visto muchos; y he visto norteamericanos muertos, e ingleses, y franceses, y australianos.

    Pero los alemanes son malsimosdijo Filippo Es mejor que mueran.De momento estamos en guerra y es mejor que mueran dijo el

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    americano Si los alemanes mueren es que vencemos nosotros.Tambin vencer Rusiadijo Filippo.Oh, Rusiadijo el soldado.Rusia no es como Amricadije.Sdijo el soldado Rusia es otra cosa.

    Mi to se quedaba en casa oyendo la radio de la maana a la noche.Hijos de puta!deca Quin sabe adnde se lo han llevado.Acaba ya!gritaba mi padre Todava tienes ganas de disfrazarte de

    bufn? No te basta lo que ha hecho?Y qu ha hecho? deca mi to Italia era respetada, temida; se viva

    bien, haba orden. Y t tambin te disfrazabas de bufn y decas que era un gran hombre. Qu te ha hecho ahora? Te ha dado un puetazo en el ojo?

    Y la guerra que ha originado, te parece poco?responda mi padre Claro que para ti no significa nada, tienes razn, hay quien la est pagando: a ti te da igual...

    Una noche Orlando habl por la radio, dijo que los caonazos que desde Sicilia llegaban hasta Calabria formaban una especie de anillo que una Sicilia a Italia; la imagen se fij en mi fantasa.

    Orlando es un gran hombredeca mi padre.Mi to se retorca las manos y deca: Oh, s! Ser l quien salve Italia, ese viejo carcamal...Pues sresponda mi padre alzando la vozese viejo tiene la cabeza en

    su sitio; tu Duce, en cambio, est loco, pero loco de remate, lo deca incluso Bocchini, una vez se lo confi a Ciccio Cardella, que es un pez gordo en el ministerio.

    Ya, Bocchinideca con sarcasmo mi to de Bocchini me habla: una pandilla de traidores, eso eran l y los suyos.

    Lo traicionaban todosprotestaba mi padre, alzando cada vez ms la voz slo t no lo traicionabas, pero Cmo podas traicionarlo con el culo siempre pegado a ese silln y gritando Duce, Duce en las fiestas de guardar?

    Pero deja de gritardeca mi to que te oyen desde la calle; con el cargo que tena, si vienen a buscarme, me llevan derecho a Orn, y eso si llego, pues son capaces de tirarme al mar durante el viaje.

    A mi to todo esto lo pona enfermo, y yo me aprovechaba de su estado para divertirme un poco. Me pona a cantar: Duce, Duce, por ti queremos morir, y l se precipitaba escaleras arriba, porque yo iba a cantar a la buhardilla, y deca:

    Desgraciado, es que no quieres entender el peligro que corro? Me llevarn a Orn!

    Yo me mora de risa y l adoptaba un tono solemne y didctico:Italia llora y t te res; trata de entenderlo, tenemos al enemigo en casa...El soldado americano se llamaba Toni; haba nacido en Calabria, y haba ido

    a Amrica cuando tena un ao. Ahora esperaba una licencia para ir a Calabria, pues all, en un pequeo pueblo, tena tos y primos. En Calabria ya estaban los americanos, el anillo de los caonazos haba terminado.

    Le pregunt si quera a los tos y primos que tena en Calabria: quera averiguar si mi ta y sus hijos podan querernos a m y a mi madre.

    Son pobresdijo Toni.Cmo de pobres?pregunt Nosotros aqu somos pobres?

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    Son ms pobres que vosotros; duermen con las ovejas, los nios van descalzos.

    Y t les envas dinero desde Amrica dijo Filippo y ellos se compran los zapatos.

    S, a vecesdijo Toni.Ahora, cuando termine la guerra dije con diplomtica intencin, como si

    todo dependiese de la decisin de Toni los americanos traern zapatos para todos, zapatos y trigo, traern buques llenos...

    Los americanos trabajan dijo Toni trabajan y tienen zapatos; tambin tienen buenos trajes, casas hermosas y automviles. Los italianos no quieren trabajar.

    Yo quiero trabajardijo Filippo Y mi padre trabaja; l dice que son los ricos los que nos quitan el pan.

    T debes trabajar para hacerte rico dijo Toni En Amrica todos trabajan y se hacen ricos.

    Mi padre tiene un to que no trabaja y es rico dije.Aqu no trabaja nadiedijo el americanoni los ricos ni los pobres; para el

    que es rico, esto es mejor que Amrica.A m me gustara ir a Amricadije Ahorro dinero y despus regreso; me

    compro un buen coche y vuelvo.Yo nodijo Filippo Cuando acabe la guerra no habr ms ricos.Habr ms que antesdijo Toni y los que ya eran ricos lo sern an ms,

    e incluso entonces ninguno tendr ganas de trabajar.Pero, no echaris a los fascistas?pregunt FilippoSi los echis vendr

    el socialismo.Nosotros luchamos y luego vosotros hacis el socialismodijo Toni Vaya

    negocio hacemos, le dira a uno que Yo s.A quin se lo diras?pregunt.A uno que est en Amricadijo.Tocaron las campanas, de noche; mi madre pens que anunciaban quin

    sabe qu incendio o peligro, pero en cambio gritaron en la calle que se haba declarado el armisticio. Mi madre comenz a rezar oraciones de agradecimiento por tantos chicos que se libraban de la guerra. Mi to se paseaba nervioso.

    Me gustara or ahora a los alemanes decahaca falta esta otra vergenza... Si los alemanes piensan como yo, ya me gustara ver al oficial Badoglio de los c ... y a ese otro quiero ver, a ese traicionero hijo de puta.

    Y qu pretendas? deca mi padre Deberas ir t a continuar la guerra. El honor, la alianza, la amistad... todo pamplinas: ve t con la espada y pon las cosas en orden.

    Aprovechando que la discusin se animaba cada vez ms, sal a la calle. En la plaza haba una multitud delante de la iglesia de Sant' Anna, la nica que no haba participado en el coro de campanas, La gente quera que el prroco las hiciese repicar, y l, asomado a la ventana de la sacrista, deca:

    Es fiesta, acaso? No comprendis que hemos perdido, tan inconscientes sois?

    Por ltimo, alguien perdi la paciencia y dispar a las campanas: era un modo de hacerlas sonar.

    Delincuentesdijo el prroco, y cerr deprisa la ventana.Mi to dijo luego que, en el pueblo, los nicos hombres de verdad eran l y el

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    prroco de Sant' Anna.

    Toni era alto y rubio; mi padre no poda creer que fuera hijo de calabreses: todos los calabreses que conoca eran morenos y de baja estatura. Mi to deca que los calabreses tienen la cabeza dura; Italia era grande, pero los calabreses eran testarudos, los sardos traicioneros, los romanos maleducados, los napolitanos mendigos...

    Los domingos, Toni iba a misa y, al ponerse en pie, se vea que nadie en el pueblo era tan alto como l. Despus de la misa, donde comulgaba, bamos con l al caf. Le preguntbamos si en Amrica haba iglesias. Las haba, y la gente era ms religiosa que aqu. Le preguntbamos cmo era el domingo en Amrica. De sus palabras afloraba un domingo melanclico. Para nosotros, el domingo era la plaza llena de gente, los puestos y las voces de los vendedores; por el contrario, ellos buscaban la soledad y el silencio, la caza, la pesca...

    Y los nios, qu hacen?preguntaba yo.Jueganrespondajuegan a muchos juegos.Mi tadijeuna vez me envi un par de patines, pero qu hago yo con

    unos patines? Cada vez que he intentado probarlos me ha faltado poco para romperme la cabeza.

    Aqu no sirven los patinesdijo las calles estn muy mal.Y en Amrica, cmo son las calles?Son anchas y llanas dijo y no hay polvo; caben por lo menos diez

    coches uno al lado de otro.En Amrica los trenes circulan tambin bajo tierra y por el aire dijo

    Filippoa m me gustara ir, no bajo tierra, pero por el aire s que me gustara.Pero, un tren es un avin?dije Jams he odo decir que los trenes

    volasen.No, no vuelan dijo Tonihay puentes altos, de hierro, y los trenes pasan

    por ah; los puentes son altos, el tren pasa sobre la ciudad.El tren pasa por encima de las casas?preguntY si se cae?Cmo quieres que se caiga?dijo Filippo el puente es de hierro;

    apuesto a que te dara miedo montar en l.Tendra miedo por las casas que hay debajo de m, o a vivir en una casa

    bajo el puente.Yo no tengo miedo de nada dijo Filippo.De los muertos tienes miedo, sin embargo dijeves un muerto y luego,

    por la noche, tienes miedo.Los muertos no tienen nada que verdijo Filippo Verdad que los

    muertos no tienen nada que ver?pregunt a Toni.Es lo mismo dijo Toniuno tiene miedo de los muertos porque no quiere

    morir.Yo no quiero morirdije.Entonces tienes miedo de los muertosdijo triunfante Filipponadie

    quiere morir y todos tenemos miedo de los muertos.Los soldados s quieren morirLos soldados deben echar a los fascistas y quieren morirdijo Filippomi

    padre quera ir a la crcel y los soldados quieren morir, pero esto es otra cosa.Qu hacan los fascistas?pregunt Toni.No hacan nada dije Mi to era fascista y no haca nada, nunca hizo

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    nada.Tal vez no hacan nadadijo Filippo Mi padre quera ir a la crcel, eso

    dice mi madre.Mi primo se hallaba en Italia, haca la guerra aqu. Por la carta no logramos

    descifrar dnde estaba. Escriba que, si hubiera tenido una licencia, habra venido a vernos. Junto a su carta, haba otra de mi ta y cinco o seis billetes de 1.000 liras.

    Querida hermana, deca mi ta, quiz enven a mi hijo a Italia, por eso te escribo la presente esperando que os encontris todos con buena salud como lo estamos nosotros, gracias al Seor. Tengo esta espina de mi hijo Charlie, que parte para la guerra, y espero que la Virgen Santsima lo proteja. Las cosas nos van bien, mi hija Grace se ha casado con un yiu, pero es un joven bueno y trabajador, Y Posee una chop de barbero cercana a nuestro estore; aunque de momento tambin l es soldado, que la Virgen Santsima lo proteja. Esta guerra no nos haca falta, pero el Seor no permitir que en mi casa entre la desventura; he Prometido a la Virgen de nuestro pueblo la sortija con un brillante que llevo en el dedo; cuando termine la guerra yo misma la llevar: debe acabar pronto, Amrica es fuerte y vencer ...

    Mi madre lloraba de alegra al leerla; las noticias ms importantes se las repeta a mi padre: Grazia se cas, Mi hermana ha prometido un anillo a la Virgen del Prato; y mi to, cuando oy lo de la fuerza de Amrica y la victoria, se puso como un gato comiendo pulmn:

    Amrica vencer, eh?, granujas, lo han olvidado todo, porque antes escupan sobre los italianos; el fascio hizo que nos respetaran en el extranjero y ahora volvern a escupirnos de nuevo. Me morir de risa cuando acabe este desorden.

    No hablaba alto por no irritar a mi madre, y menos an en ese momento. S, se excitaba y resoplaba como un gato con un trozo de pulmn.

    Nos ha escrito mi tadijo a Toni dice que Amrica vencer.Vencer a los fascistasdijo Filippo, que tena esa idea fijaa los fascistas

    y a los alemanes.Ganamos la guerra dijo Toni ganamos la guerra y vuelvo a Amrica.A Bruclin dije Despus coges el coche y regresas aqu.S, regreso. Cuando no tenga ganas de trabajar regresar: cuando no se

    trabaja esto es muy bonito.Toni parti un da de octubre, vino a buscarlo un jeep. Casi me puse a llorar.

    Nos regal paquetes de chuin-gam y kendi de esos que vienen en tubo. Nos hizo una seal desde el jeep y dijo:

    Gud-bai.El da se nos hizo largo y vaco, y jugamos a los juegos ms violentos.A la escuela bamos de mala gana; Filippo no tena problemas porque su

    padre estaba en el Comit de Liberacin y el maestro haba sido jefe de la agrupacin, pero yo lo tena ms difcil. El maestro mandaba llamar a mi padre y le deca que conmigo era como cavar en el agua; mi padre me castigaba obligndome a no moverme de casa y haca responsable a mi madre de mis escapadas. No obstante, yo saba que todo quedaba en agua de borrajas, pues

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    apenas ni padre arrancaba con un dramtico discurso sobre la educacin, intervena mi to:

    Se recoge lo que se siembra. Tenamos educacin y la habis rechazado; ahora los nios deben crecer como los cerdos.

    Y esto ya bastaba para desviar el tema y encender una de las discusiones acostumbradas.

    En el norte, los fascistas fundaban la repblica. Mi to y la radio se haban convertido en una sola cosa, la llevaba consigo incluso por la noche, se retorca las manos y repeta una frase de Hitler que deca ms o menos as: A las doce creern que han vencido, pero a las doce y cinco la victoria ser nuestra. A m Hitler me pareca una de esas cabezas de madera de las ferias, a las que se puede disparar cinco balines por una lira; me causaban impresin esas cabezas. Cuando mi to nombraba a Hitler yo deca:

    Cabeza de madera.Y, si se enfadaba, yo ya no paraba:Amrica se lo comer, de un solo bocado se tragar la cabeza de madera,

    acabar como el gato con el ratn.As hasta que vea que el enojo iba en serio y yo corra escaleras abajo

    mientras se lo repeta por ltima vez, para crearme la excusa de que me haba perseguido hasta el portal; en estos casos, mi padre me perdonaba la salida y obtena adems una cierta consideracin de vctima.

    En el campo haba robos y homicidios cada da, y hubo incluso un secuestro; mi padre, sobre este punto, haca algunas concesiones a mi to:

    Y quin niega las cosas buenas que ha hecho? Estas cosas ya no ocurran, es verdad; pero vers como todo volver a estar en orden.

    Con la democracia?deca mi to Hace falta un gobierno fuerte la democracia es una anguila.

    El solo hecho de que a mi to no le gustara la democracia haca que yo empezara a creer en ella. Por supuesto no me arriesgaba a ir ms all de las ltimas casas del pueblo; vea los setos como hormigueros de hombres armados y enmascarados una noche so que me secuestraban y, para que no gritara, me metan en la boca un paquete entero de algodn; cuando me despert, tena la boca seca por el algodn, me puse a gritar y mi madre vino a decirme que todava era de noche.

    A m no me secuestrandeca Filippo ya pueden tenerme un ao que no me sacarn una perra y adems tendrn que darme de comer.

    Pero tena miedo.El jardn del oratorio, crujiente de hojas secas, nos daba la sensacin de ser

    un campo; ahora el prroco nos llamaba a catecismo de forma ms insistente que antes; nos ofreca higos secos y almendras tostadas.

    En el pueblo se vean otra vez las insignias de dos partidos: en una pona Democracia Social y mostraba un gran manojo de espigas; en la otra, Movimiento Independentista Siciliano y tena una cabeza en el centro de un crculo formado por tres piernas dobladas. Los independentistas eran los separatistas de los que tanto se hablaba. Queran una Sicilia separada de Italia. Mi padre opinaba que no andaban errados:

    A Sicilia siempre la han pisoteadodeca.Oh, pobre Italiadeca mi to Italia ma, veo los muros y los arcos... Ni los

    muros nos dejarn estos delincuentes, tiran bombas como si dijesen

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    Padrenuestros, y ahora este otro que quiere una Sicilia independiente... Bufn l y todos los que van con l.

    Yo iba con los separatistas, llevaba una escarapela hecha con dos lazos, uno amarillo y otro de color sangre coagulada.

    Degeneradodeca mi to cuando me vea con ella.Era divertido. Por la noche, bamos con los jvenes separatistas por el

    pueblo, con el cubo de pintura, y ellos escriban en las paredes:

    VIVA FINOCCHIARO APRILE, VIVA SICILIA INDEPENDIENTE, ABAJO LOS ENEMIGOS DE SICILIA, QUEREMOS INDUSTRIAS EN SICILIA,

    Cansados de decir siempre las mismas cosas, en un momento dado los jvenes se ponan a escribir:

    ABAJO LOS EXPLOTADORES DEL PUEBLO, MUERTE A LOS QUE VENDEN EL TRIGO A 2.500 liras,

    Lo que creaba una especie de rivalidad mediante la cual, a la maana siguiente, los campesinos se enteraban, con letras de un palmo de altura y de un intenso rojo vivo, que don Luigi La Vecchia era un ladrn y don Pietro Scarda ladrn y cornudo a la vez. Para nosotros, esto era un juego divertido, sobre todo cuando vea surgir de la brocha las palabras:

    VIVA AMRICA - VIVA LA CUADRAGESIMONOVENA ESTRELLA.

    Mi espritu separatista rayaba entonces en el fanatismo. Saba que la cuadragsimo novena estrella sera Sicilia, la bandera americana tiene cuarenta y ocho, con Sicilia cuarenta y nueve. Estbamos a un paso de convertimos en americanos.

    Mi ta siempre escriba. Mandaba las cartas al hijo y ste las franqueaba en Italia y nos las enviaba; tal vez se encontraba en Npoles. Al pie de la carta de su madre, l escriba un saludo en ingls. Mi madre, no obstante, no poda contestarle; ni siquiera poda escribir al sobrino, que estaba en Italia.

    Querida hermana, deca mi ta, aqu prometen que dentro de poco podremos escribir a Italia e incluso mandar paquetes. Yo estoy preparando muchas cosas para enviaros, a ti y tu marido, y especialmente a tu hijo, porque s muy bien cunto sufren los nios: he visto fotografas que me han hecho llorar. Dios juzgar a aquellos que nos han lanzado a este infierno ...

    Y quin nos ha lanzado a este infierno?dijo con satisfaccin mi to Ese paraltico de su presidente que ha venido a tocarnos los... Qu queris que piense un paraltico? A estas horas ya habramos incendiado Inglaterra y en el mundo habra paz.

    Bonita paz dijo mi padre con Hitler no hay duda de que habramos tenido una bonita paz.

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    Con cabeza de maderadije.Mi to ya no me poda soportar.El coronel Moscatellidijo mi to oh, Dios, si me dan ganas de vomitar...

    Pero, quin es este Moscatelli? Del fondo de qu presidio ha salido? Y Parri, quin ha odo nunca nombrar a este Parri? Seguro que ha estado en la crcel: estn soltando a toda la escoria.

    No son atracadoresasegur mi padre han estado en la crcel por razones polticas.

    Son peores que los atracadoresdijo mi to Los atracadores te piden la cartera y, si no se la das, te matan de un tiro, pero stos han asesinado a Italia, son subversivos, gente que desea el fin del mundo. Te lo ruego, por favor, no digas nada: nosotros dos no podemos hablar, es mejor que no hablemos. El coronel Moscatelli! Virgen Santsima, me voy a volver loco.

    Estall de risa.Ya veo en lo que se convertir Italia dijo; los ojos se le salan de las

    rbitas de furia la Italia de Pan , del coronel Moscatelli y de los infelices como t, sin educacin, sin sentimientos. A tu edad yo oa hablar de la patria y se me saltaban las lgrimas; oa tocar Giovinezza y me habra revolcado por el suelo de emocin, habra sido capaz de hacer cualquier cosa al or aquella msica.

    Yo lo imagin revolcndose por el suelo como un asno cuando se rasca, y me re otra vez.

    No vio en mis ojos el asno que se rascaba sobre la hierba: ley perdicin poltica y se enfureci de tal manera que cre que se haba vuelto loco de verdad.

    Los comunistas...dijo Ni t ni tu padre entendis nada de lo que ocurre; ahora bajan, hasta aqu veris llegar a esos asesinos. Queman las iglesias, destruyen las familias, sacan de la cama a la gente y la fusilan.

    Mi to pensaba en s mismo: pasaba en la cama por lo menos diecisis horas al da. Imagin que lo sacaban de la cama cogindolo por los pies; la imagen me gust, aunque no me gust pensar en que pudiesen fusilarlo.

    Est el general Cadorna dijo mi padre Crees que es fcil presionar a un general como l? Y los americanos, no tienes en cuenta a los americanos?

    Ahora, hasta l pareca algo preocupado.Es una revolucindijo mi to Quin puede detener una revolucin?

    Tienen las armas de los americanos, quin sabe cuntos rusos se cuentan entre ellos. Crees que Amrica declarara la guerra a Rusia? Estos c... son nuestros, y a nosotros nos toca salir del apuro. S muy bien cmo va a terminar. Yo me encierro en un convento.

    La visin del convento lo aplac por un instante; luego afloraron de nuevo la desconfianza y el furor.

    Lindo cuento me monto con lo del convento: sos me entregan y esa gentuza me quema vivo; el hombre en manos de la providencia y las bendiciones y las misas cantadas... luego recurres al cardenal para ponerte a salvo y te centras con Moscatelli...

    No digas tonteras dijo mi padre si lo han detenido cuando escapaba con los alemanes.

    Y t hablas contra los comunistas que queman las iglesias mientras piensas estas cosasdijo mi madreun cardenal que es un santo.

    Santo o nodijo mi to no le confiada ni siquiera un perro para que lo cuidase. Y aunque no sea verdad lo que se dice de l s es cierto que para

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    proteger a los dbiles no ha movido un dedo.Los dbiles...dijo mi padre los dbiles deben de ser los que hasta ayer

    fusilaban a los pobres muchachos. Cuando los carabinieri pillan a un asesino, se convierte en un dbil.

    Fusilaban a los rebeldesdijo mi to a los rebeldes y a los traidores.Los que obedecan al gobierno del rey no eran rebeldes dijo mi padre

    No hay manera de hacerte entender este concepto tan simple.El gobierno del rey! Me hace gracia el gobierno del rey... El rey que viene

    a esconderse entre los americanos. Sabes qu te digo? Que para que las cosas vuelvan a su Cauce es necesario nombrar a Giuliano, tiene ms honor que tu rey.

    Benedetto Croce...comenz mi padre.Dios santo! Tenemos que hablar tambin de Benedetto Croce? Me

    importan un bledo l y los libros que ha escrito. Y tambin Dante Alighieri. Y t. Y toda esta Italia. Me voy a un rincn y me muero, haced como si fuera sordomudo.

    Los americanos estn desarmando a los partisanosdijo mi padre. Oh, por fin hacen algo buenodijo mi to.

    Mi ta escribi:

    Querida hermana, aqu todava estamos de fiesta porque ha terminado la guerra, el Seor ha odo mis plegarias y ha guardado mi casa; mi hijo se encuentra en Alemania y est bien, e igualmente mi yerno, que ha hecho la guerra en la Marina combatiendo contra los japoneses. Nos haca falta esta nueva bomba... Amrica tiene muchos cientficos que siempre inventan cosas nuevas; Mussolini se equivoc al ponerse en contra de Amrica, debi haber continuado siendo amigo de Amrica; todava estara vivo y gobernara, porque saba gobernar e Italia bajo su mando estaba bien. No puedes imaginarte la impresin que me ha causado saber de qu manera lo haban matado; aqu en Amrica ha impresionado a todos. Pero nosotros no podemos conocer la voluntad del Seor, aunque siempre ruego que el Seor ponga fin a estas matanzas que hay en Italia.Querida hermana, siempre tengo en la mente ir all para cumplir la promesa que hice a nuestra Virgen y para abrazaros a ti y a nuestros parientes. Ahora dicen que podemos despachar paquetes para Italia, y no puedes imaginar cuntas cosas tengo preparadas para vosotros, incluso cosas para comer, porque s que en Italia pasis hambre ... .

    Esto es hablar en cristiano dijo mi to No hay duda de que Mussolini ha cometido algunos errores; la bomba atmica, sin embargo, era cosa de alemanes: cientficos as slo se encuentran en Alemania.

    Iba con Filippo a la escuela privada, nos preparbamos para los exmenes de admisin; hacamos los deberes juntos, en su casa, pero su padre no se fiaba, quera verlo estudiar con sus propios ojos.

    Piensa cunto me cuesta ganar cada lira que gasto en ti deca.Yo haba ledo una frase similar en Corazn, de De Amicis. El padre de Filippo

    haba ganado, al parecer, un terno con Parri, que estaba formando gobierno; contaba la vida de Parri y ciertas aventuras de partisanos que me gustaban; l las lea en los peridicos y en los libros y despus nos las contaba. En su tienda

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    siempre haba socialistas, era como un crculo. Si tu padre tuviese criteriodeca la madre de Filippo, en lugar de

    quedarse aqu clavando tablas y dndole al palique, buscara un empleo; con el tiempo que pas en la, crcel lo emplearan incluso en el Ayuntamiento; para leer y escribir es mejor que un abogado.

    Pero al padre de Filippo le gustaba cepillar y clavar tablas, y entretanto discurseaba con los amigos sobre Parri y los partisanos. A m tambin me gustaba ese oficio, habra preferido hacer eso a ir a la escuela, e incluso me agradaba esa especie de crculo.

    Mi to deca que con slo or el nombre de Parri se le removan las tripas.Habladme de Parridecay se me corta la digestin; cada vez que me

    hablan de l tengo que tragarme un puado de bicarbonato.Y Moscatelli?preguntaba yo y Pompeo Colajanni?No me hablis de Colajannideca he visto con mis propios ojos el dao

    que haca, en Caltanissetta, en Canicatt; siempre hablaba de Marx y de Rusia y arrastraba con l a los jvenes. Pero qu imbciles fuimos de no arrojarlo a una mazmorra y dejarlo morir!

    Entonces conoca ya a mi to como un pianista conoce el teclado del piano.Ni ms ni menos, qu imbciles habis sido! Qu imbciles!Nose retractaba no fuimos unos imbciles: el Duce era bueno, y en

    cambio se necesitaba una mano de hierro.A Matteotti lo mataron, sin embargodeca yo.Siempre hablando de Matteotti! Deberamos haber matado a millares de

    traidores.Pero ahora mandan ellosdeca yo si te pillan te matan como a

    Matteotti; t queras ver muerto a Colajanni Y ahora Colajanni puede hacer que te metan en un coche y te maten a golpes de lima (yo me saba toda la historia de Matteotti.)

    A mi to se le transformaba el rostro.Pero, qu mal hago yo?deca No le deseo la muerte a nadie: Colajanni

    es el subsecretario y yo estoy en mi casa y todos contentos y felices. No se te ocurrir contarle a se... al padre de Filippo, quiero decir, que yo hablo de esta forma? Yo no digo nada, voy a lo mo, aunque vea a la gente caminar cabeza abajo no digo ni media palabra.

    Llegaron los paquetes de mi ta, en un mes recibimos una decena. Eran cosas que no imaginaba que existiesen: galletas que saban a menta y espaguetis en cajas, latas de arenques y de zumo de naranja; y trajes, camisas, corbatas que parecan fuegos artificiales, camisetas. En los bolsillos de los trajes haba cigarrillos, de las mangas salan cajas de chuin-gam; no faltaban plumas estilogrficas, lpices, imperdibles: mi ta pensaba en todo.

    La apertura de cada paquete que llegaba era supervisada por mi to, quien miraba, husmeaba, escoga y monologaba:

    Los cigarrillos me los quedo yo, ya que t no fumas de stos, siempre fumas nacionales; esta pluma estilogrfica la necesito, el cargador de la ma no funciona; esta camisa est bien y es de mi talla; esta corbata s que me la puedo poner, tiene colores decentes; incluso tal vez este traje me siente bien, para ti es muy estrecho...

    Mi padre no deca ni s ni no, y mi to coga el botn Y se lo llevaba a su

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    cuarto.Hay que ver estos americanos, eh? deca No falta de nada en

    Amrica, por fuerza tenan que vencer.La ropa que mi ta enviaba para m o me iba tan estrecha que pareca un

    Cristo o era tan holgada que me bailaba; esta ltima, al menos, mi madre me la poda arreglar. Mi ta no lograba hacerse una idea de m, de mi estatura Y mi delgadez, y compraba a ciegas. Me iban bien algunas camisetas con el ratn Mickey y unas camisas con tringulos azules y amarillos que no hubo manera de obligarme a ponrmelas.

    El pueblo estaba lleno de chicos con camisas con tringulos y camisetas con el ratn Mickey; los mayores llevaban trajes de indudable corte americano, camisas con bolsillos, corbatas con crisantemos, girndulas, trompetas y mujeres desnudas; las mujeres llevaban vestidos estampados al estilo de las corbatas.

    Amrica nos vistedeca mi madre.En realidad, todo el pueblo vesta ropa americana, todo el pueblo viva con

    las ayudas de los parientes de Amrica; no haba familia en el pueblo que no contase con un pariente en Amrica. En una esquina de la plaza haba aparecido incluso el puesto de un cambista: por un dlar llegaba a pagar 900 liras. Mi padre no cambiaba, a la espera de que subiese ms. Por todas partes se comerciaba con cosas americanas: comida en lata, jabn de tocador, zapatos, trajes, cigarrillos... El comercio ms poderoso era el de las medicinas, un frasco de penicilina se pagaba a precio de oro; era necesario vender un trozo de terreno para adquirir uno. En los casos ms desesperados, el mdico abra los brazos y deca:

    Qu queris que os diga? Si consegus encontrar penicilina os puedo dar todas las esperanzas que queris.

    Y todos sabamos dnde encontrarla y a qu precio. Haba gente en el pueblo que, en lugar de pedir a sus parientes de Amrica cigarrillos y latas de carne, se hacan mandar medicinas y ganaban dinero a montones.

    Escribe a tu hermana para que mande un paquete de penicilina deca mi padre.

    Y mi madre, sabiamente, responda:T se la regalaras a alguien que la necesitara, y la nica ganancia que

    conseguirlas es que te metieran en la crcel.Mi ta escriba y escriba; enviaba paquetes y largas cartas con dlares

    doblados entre las finas hojas, y deca siemPre 10 mismo: el Seor, el Sagrado Corazn de Jess, la Santsima Virgen, y la promesa a la Virgen, y los hijos, el estore Y los paisanos de Nueva York.

    El ao escolar estaba a punto de acabar, pero mi cabeza estaba ocupada por otras cosas muy distintas a la escuela; cada da haba mtines, algn alboroto en los cafs, reuniones en el taller del padre de Filippo; monarqua y repblica, repblica y monarqua... pareca un partido de ftbol, como cuando vena el equipo del pueblo vecino y se armaba una bronca. Por aquellos das el rey haba nombrado caballero a mi padre, le haba enviado un gran diploma acompaado de una carta escrita en nombre del rey por uno que se llamaba Lucifero; el nombre me impresion. Mi padre deca que le importaba un pepino ese nombramiento, y hasta quera devolver la carta y el diploma.

    Yo debo darle el voto al rey decapor principios sera republicano, pero el momento actual no me permite votar de acuerdo con mis principios.

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    Yo llevaba una hoja de hiedra pinchada con un alfiler en la camiseta: pensaba que el partido republicano y la repblica eran una sola cosa; tambin mi to tena la misma confusin, ahora la tena tomada con Pacciardi. Miraba mi hoja de hiedra y deca:

    T puedes ponerte encima toda la hiedra que hay en el cementerio: s que lo haces adrede.

    Luego pasaba a explicar la teora del salto en la oscuridad y conclua diciendo que Dios saba cun poco mereca Umberto su voto despus de la traicin de su padre a Mussolini, pero no se poda hacer otra cosa: haba que drselo; si triunfaba la repblica nos despertaramos con la guardia roja en la cabecera de la cama; los grandes desrdenes se los figuraba siempre en tomo a su cama.

    Mi ta, en aquellos das, escribi que, de estar en Italia, ella le habra dado el voto al rey. La repblica era algo bueno para los americanos, pero en Italia, con tantos comunistas, quin sabe como terminara.

    Gan la repblica.Estamos perdidosdijo mi to Quieres ver cmo nombran presidente a

    Togliatti? No hay duda de que esto acabar mal.

    Querida hermana, todava sigo con deseos de ir, t dices que ya no me crees, pero te prometo que lo pienso en todo momento; primero por la enfermedad de mi marido, que ahora, gracias a Dios, est mejor; luego hemos ampliado el estore, ahora mi hija Grace espera un hijo, que nacer en los primeros das del ao nuevo. Si la Virgen quiere que todo vaya bien, antes de que acabe 1948 viajar a Italia, aunque primero quiero ver cmo van all las elecciones, en las que todos pensamos y de las que tanto hablan los peridicos ...

    Piensan en las eleccionesdijo mi to Quien primero no piensa al final suspira; deberan haber pensado cuando an estaban a tiempo.

    Yo espero, querida hermana, que los comicios no lleven al gobierno a los comunistas, ni a aquellos que, como los comunistas, son enemigos de la religin y del orden. Nuestros gobernantes tienen fe en De Gasperi y el partido de la democracia cristiana; sin De Gasperi, Italia perdera toda la ayuda americana, porque nosotros pagamos impuestos muy altos y sabemos que nuestro dinero es bien empleado, y siempre damos dinero para Italia, en la iglesia y en las asociaciones; pero si vencieran los comunistas, no verais ms dinero americano en Italia, ni tampoco podramos enviar paquetes. En Amrica existe un gran sentimiento religioso, el dinero de los americanos no puede ir a parar a manos de los herejes. De Gasperi es un hombre religioso, yo he visto fotografas suyas oyendo misa arrodillado, y su partido defiende la religin y desea amistad con Amrica ...

    Lo ves?dijo mi madre Mi hermana tambin lo dice.Acaso he dicho yo que no es cierto?dijo mi padre Pero si voto por los

    liberales es lo mismo.No es que no sea lo mismo dijo mi madre es que Amrica slo tiene fe

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    en De Gasperi.A este De Gasperi yo no lo puedo tragardijo mi to pero es verdad que, si

    los votos no se concentran en un partido importante, se sigue el juego que quieren los con1unistas. A m me pesa tener que darle el voto a De GasPeri, pero, qu voy a hacer, dispersar el voto? A fin de cuentas es un partido de orden.

    Querida hermana, me apenas saber que tu marido quiere votar a los liberales, porque yo he pedido consejo al padre La Spina, que es hijo de nuestro paisano Michele La Spina, a quien t sin duda recuerdas, y es un cura de mucha doctrina, y me ha dicho que estos liberales estn lejos de la gracia del Seor, y en ciertas ocasiones estn de acuerdo con los comunistas. Est en ti hacerle ver los peligros de un voto mal dado, por el porvenir de vuestro hijo y por la salvacin del alma ...

    Pero escribe que votar a De Gasperidijo mi padre Tu hermana es capaz de escribir hasta al Papa por la salvacin de mi alma.

    Debes votarlo en seriodijo mi to al menos por respeto a tu cuada, que te ha llenado la casa de cosas; y luego, el peligro existe, no ves qu fuertes son los comunistas? Ayer por la noche hubo un mitin que daba miedo, haba dos mil personas.

    ... y doy gracias al Seor por iluminar a tiempo a tu marido, y ojal eche luz sobre la conciencia de todos los italianos. Aqu hay una gran expectacin, todos los que estaban preparados para ir han pospuesto el viaje, incluso os que ya tenan los pasajes. Apenas lleguen buenas noticias de Italia, tambin nosotros nos embarcaremos: ya tenemos listos los bales.

    Los balesdijo mi to Quin sabe cuntas cosas traen.El da anterior a las elecciones lleg un telegrama de mi ta; de nuevo

    recomendaba votar por el partido de De Gasperi. Mi padre hizo serias consideraciones acerca de la salud mental de mi ta; despus, cuando sal, me enter de que haban llegado al pueblo unos doscientos telegramas iguales. Mi to se frotaba las manos.

    Qu idea! deca Sin duda el dinero ayuda a tener buenas ideas: estos telegramas llegan a casa de gente que slo recibe un telegrama en caso de muerte; veris el efecto que surtir: exactamente como si se tratase de un caso de muerte. Y hay algunos que deben de pensrselo en serio, pues si los parientes de Amrica no les envan nada ms es como si a una mula le quitaran la cebada: tiene que comer paja.

    Tan slo la voz de los cocheros que al cruzarse se gritaban saludos e insultos, el chasquido del ltigo y el rodar de los carruajes; el velo del alba, el alba de una ciudad soolienta cuyo olor a frituras, que de da la circunda como una aureola, todava impregna la brisa de la maana, el velo del alba cubra las silenciosas casas de Palermo. La Via Maqueda, luego la avenida Vittorio Emanuele; entramos en el puerto lleno ya de voces. Mi padre se inform una vez ms sobre la hora de llegada del barco.

    All, ya se vedijo uno.Pero nosotros no logrbamos divisar nada. Un cuarto de hora despus, el

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    barco se dibujaba con nitidez, se acercaba y era como si alguien, con lpices de colores, fuese aadiendo detalles a un barco antes apenas esbozado sobre un papel de un verde y azul opacos.

    Cuando estuvo tan cerca que se distinguan los gestos de las personas, tan amontonadas que pens que podan hacer inclinar el barco como la pesa en una romana, mi madre comenz a moverse con impaciencia; agitaba la mano y deca:

    Seguro que mi hermana nos ve.Pero tambin nosotros estbamos en medio de tal multitud que a los del

    barco deba de resultarles imposible distinguir a alguien. El barco estaba ahora tan prximo que veamos las caras, caras bien afeitadas de americanos, con gafas de oro y gruesos puros. De tierra y del barco gritaban nombres: Tur, Cal, Pep... De Tur, Cal y Pep deba de haber un centenar a bordo y otro tanto en tierra.

    Mi madre reconoci a su hermana cuando estuvo a diez Pasos de nosotros; salt la cadena y corri a abrazarla. Mi ta era gorda, llevaba un vestido de flores grandes, gafas de ojos, el marido era alto, el rostro liso y juvenil bajo los cabellos blancos; la hija, pequea como mi ta pero bien formada y graciosa; el chico, fecho, as me pareci, tambin porque se le vea rabioso y tena sueo.

    Mi ta dijo a su marido que se ocupara del equipaje; mi padre se ofreci a acompaarlo, pero ella dijo:

    l se las arregla.Por el tono en que lo dijo supuse que acababan de discutir; luego comprob,

    sin embargo, que se era el modo en que mi ta trataba siempre a su marido.Mi madre lloraba de alegra, y no se perdonaba no haber podido distinguir a

    su hermana entre la gente asomada en la cubierta; mi prima contemplaba maravillada esas lgrimas, tal vez un poco aburrida.

    Cuando el marido regres nos encaminamos hacia la salida; mi ta deca que quera ir al mejor hotel y mi padre dijo que el nuestro era bueno.

    Tiene que ser el mejordijo ella y vosotros vens con nosotros.Mi padre indic entonces al conductor que nos llevara al Le Palme; mi madre

    se asust un poco.En la recepcin del hotel, mi ta olfate con la cabeza erguida y pregunt si

    haba aire acondicionado, bao con ducha, enchufes para la maquinilla de afeitar y la radio y, aun cuando todas sus preguntas haban sido satisfechas afirmativamente pregunt a mi padre:

    Seguro que es el mejor?Mi padre dijo que all se haban alojado Wagner, el Kaiser y el general Patton.

    Mi ta qued convencida.Me pareci que las preguntas de mi ta indujeron a los camareros a mirarnos

    con irona a m, a mi padre y a mi madre: qu sabamos nosotros de aire acondicionado y de maquinillas de afeitar elctricas? Ellos venan de Amrica y conocan estas cosas, y podan incluso pagrselas en ese hotel por aos enteros. Me senta un poco incmodo.

    Subimos para descansar un rato y cambiarnos, eso dijo mi ta; nosotros ni descansamos ni llevbamos otra ropa para cambiarnos. Cuando volvimos a encontramos en el vestbulo, ellos estaban pulcros y descansados, nosotros nos sentimos an ms fatigados metidos en aquellas ropas que conservaban el olor y las arrugas del viaje en tren; se tarda casi un da en llegar a Palermo desde nuestro pueblo. Mi ta empez a hacer preguntas y ms preguntas; pareca que

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    tuviese delante el mapa del lugar con calles y casas, y que posara el dedo al azar sobre una calle, sobre una casa, y de los que en ella habitaban quera saber vida y milagros, venturas Y desventuras. Los hijos y el marido permanecan en silencio.

    En el saln comedor sent otra vez el peso de las miradas de los camareros, y mi ta que hablaba de miseria y riqueza, luz y tinieblas; me pareca como si las miradas de los camareros me restituyesen a la zona oscura del pobre pueblo de donde provena. Tras una breve consulta a sus padres y al hermano, mi prima pidi la comida a un camarero que hablaba americano; para nosotros, mi padre eligi espaguetis con salsa de tomate y pescado. Al vernos ante los espaguetis, mientras los americanos tenan tomates rellenos de una pasta oscura y un trozo de pescado blanco y gelatinoso con rizos de mantequilla alrededor, nos sentimos an ms mortificados. El marido de mi ta llam a un camarero que sobre la chaqueta blanca, como un distintivo, llevaba un trozo de tela negra con un racimo de uvas bordado en color violeta, y hablaron algo en voz baja; luego el camarero trajo botellas, mostr la etiqueta, y mi to dijo:

    OrritMi to beba, pero a sus hijos les sirvi vino con cuidado: un dedo en el vaso

    del chico, medio vaso a la otra. Mi ta sigui la operacin con la mirada y nos solt una larga perorata acerca de sus criterios educativos con respecto al vino, al lpiz de labios y al boifrend. A travs de un complicado discurso entend que el boifrend era el compaero de escuela o el vecino que se convierte en el acompaante habitual de una chica.

    Si llego a saber que tiene un boifrend la sac del colegio Y la encierro en casa dijo, y dirigi a su hija una mirada desconfiada y amenazadora; la muchacha sonri.

    Mi madre la aprob efusivamente y le pregunt de qu colegio se trataba, una pregunta que tambin yo deseaba hacer.

    Siracusadijo mi ta Si t supieses lo que me cuesta...Mi madre entendi menos que antes; mi padre le explic que el colegio es la

    universidad y Siracusa el nombre de una ciudad norteamericana donde hay escuelas universitarias. Mi madre observ a la sobrina con renovada y orgullosa consideracin.

    Qu estudia?pregunt.Y de nuevo fue un discurso complicado que de pronto ilumin mi padre

    diciendo:Medicina.El chico, en cambio, prosigui mi ta, era holgazn, tal vez ni siquiera haba

    conseguido acabar la jaiscul, aunque en el fondo no era grave, pues poda encargarse del estore.

    Yo haba dejado intacto en el plato todo lo que haban trado, remova la comida con el tenedor pero no coma, no com siquiera los pltanos que tanto me gustaban.

    Mi madre propuso que partisemos para el pueblo al da siguiente, pero su hermana dijo que no, que quera disfrutar de Palermo; recordaba cmo era la ciudad en el 19, cuando ella se fue a Amrica; ahora le pareca una ciudad distinta y ms hermosa, no como una ciudad americana, pero bonita; le impresion sobre todo el edificio de Correos. Antes de la ltima etapa del viaje, Palermo, el barco se haba detenido en Gibraltar, en Barcelona y en Gnova; de

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    Barcelona recordaban a los vendedores de fruta; de Gibraltar, el cambio de guardia, y en Gnova haban visitado el cementerio: hablaban de l como de lo ms hermoso que hubieran visto nunca, incluso la muchacha deca que era hermossimo. Quisieron ver el de Palermo, pero les decepcion. Dedicamos ms tiempo al carabiniere de la garita frente al Palacio Real que a la capilla del palacio; al campo de aviacin de Boccadifalco que al claustro de Monreale; yo me habra quedado todo el da en aquel claustro. Desde el mirador que hay junto al claustro, mi padre me mostraunque ms bien lo traz en el aire, dada la niebla que se cerna sobre la ciudad y el campoel camino recorrido por Garibaldi para llegar a Palermo. En la escuela yo haba ledo las Noterelle de Abba, era un libro que me gustaba mucho; mi ta dijo que Garibaldi era comunista; mi padre quiso explicarle que la cosa era muy distinta: los comunistas utilizaban a Garibaldi como smbolo electoral; mi ta cort por lo sano y dijo que era lo mismo.

    Paseamos por Palermo durante cinco o seis das. Veo nuestro grupo por las calles de Palermo como fijado en una fotografa semivelada por el exceso de sol: mi ta abriendo paso por la calle como la proa de una lancha motora divide el agua; mi madre, cansada y silenciosa; mi padre, algo animado por esas vacaciones, y el marido de mi ta que camina como un sonmbulo; el chico siempre enfurruado; ni prima que empezaba a trabar amistad conmigo y no paraba de hacer comparaciones entre lo que vea y Amrica. Este grupo se hall finalmente en un compartimiento de primera clase que pareca un horno; el tren avanzaba hacia el interior de Sicilia, hacia nuestro pueblo. Mi ta hablaba y hablaba; yo, junto a mi prima, inmerso en su mezcla de olor a sudor y perfume, que suscitaba en m no s qu deseo o ternura, me adormec.

    En una hora estaremos en casa dijo mi padre.Ya estaba oscuro. Las luces de los pueblos, cuando me asomaba durante las

    paradas, parecan broches de estrs sobre un vestido negro. Apoyados en la ventanilla, mi prima me rascaba suavemente la nuca y a m me daban ganas de ronronear como un gato, de gemir todo el amor que surga en m.

    Nuestro pueblo surgi de improviso en medio de la noche: ralas hileras de bombillas entre casas bajas; no lo habra reconocido si mi padre no hubiese comenzado a sacar las maletas al pasillo. Era un pueblo pobre, pens que a mi prima no le gustara y me sent un poco avergonzado.

    Desde la estacin, mirando al pueblo all abajo, abierto en un abanico de calles marcadas por las luces, mi ta dijo:

    Es el mismo de siempre.Y a m me pareci que en su constatacin haba cierta intolerancia, cierto

    rencor, tal vez por el tono defensivo que adopt mi madre al responder que no era el mismo, que haba luz elctrica y casas y calles nuevas. En la estacin nos esperaba mi to; haba pedido un carro para el equipaje y el coche para nosotros. Mirando las maletas que ya haba cargado el mozo, pregunt:

    Y los bales, dnde estn?Mi ta explic que los bales llegaran despus; l pareci tranquilizarse.

    Los bales llegaron al da siguiente. Delante de los bales abiertos, mi ta comenz la distribucin del contenido: Esto es para ti, esto es para tu marido, para tu hijo, para tu cuado. A m slo me tocaban cosas antipticas, yo hubiera querido un fusil del calibre 36, como el que haba visto a un amigo mo, a quien

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    se lo haba regalado un to de Amrica, y una cmara cinematogrfica, un proyector, quizs una mquina fotogrfica; en cambio sacaba ropa y ms ropa. Haba una radio de pilas y mi to mostr tal entusiasmo que mi ta decidi regalrsela; una caja blanca que pareca contener medicamentos; para mi padre y m to maquinillas de afeitar elctricas, que probaron de inmediato y reaparecieron con unas caras sufridas que parecan Cristos.

    Mientras tanto, haban comenzado las visitas. Todos los que tenan parientes en Nueva York venan a preguntar a mi ta si los haba visto, si estaban bien; luego preguntaban si haba algo para ellos. Mi ta tena una lista muy larga en la que buscaba el nombre y deca a su marido que pagara cinco o diez dlares; todos los paisanos de Nueva York mandaban a sus parientes un billete de cinco o diez dlares. Era como una procesin: cientos de personas suban las escaleras de nuestra casa. En nuestros pueblos, cuando alguien llegaba de Amrica ocurra siempre lo mismo. Mi ta pareca divertirse; daba a cada visitante una especie de instantnea del pariente de Amrica: un grupo familiar rebosante de salud encuadrado sobre un fondo en el que resaltaban elementos simblicos del bienestar econmico de que gozaban. Fulano de Tal tena una chop, aquel otro un buen yob; haba quien posea un estore, quien trabajaba en una farm; todos tenan hijos en la jaiscul y en el colegio, y el car, la uashtap y la tiv. Con estas palabras, cuyo significado pocos conocan pero que sin duda deban de nombrar cosas buenas, mi ta cantaba las alabanzas de Amrica.

    Vinieron los familiares de un tal Cardella, recibieron los dlares del pariente y regalos de mi ta; ms tarde ella explic que Gi Cardella era un hombre poderoso en Nueva York; cont que en una ocasin a ella se le presentaron dos tipos, le pidieron 20 dlares y le dijeron: Y todos los viernes queremos veinte dlares, y a ella se le ocurri hablar del suceso con Cardella; al viernes siguiente ste fue al estore, se situ en un sitio apartado y esper a que aquellos dos aparecieran; en el momento preciso sali y les dijo: Muchachos, qu os pasa por la cabeza? Este estore es como si fuese mo: aqu nadie debe venir a hacer esmart, y los dos saludaron con respeto y se marcharon.

    Seguro!dijo el marido de mi ta los dos haban sido enviados por el mismo Cardella...

    Mi ta salt como si la hubiese picado una avispa.Chat ap!dijo Cada vez que hablas es para hacer dao: hay ciertas

    cosas que no deben decirse aunque se piensen; y, adems, es sabido que todos los dems que tienen estore pagan, mientras que nosotros jams hemos pagado.

    Pero, es un mafioso este Cardella?pregunt mi to, que algunas cosas las captaba al vuelo.

    Pero no, nada ms lejosdijo mi ta, fulminando con la mirada a su maridoes un hombre de bien, rico, elegante; y protege a sus paisanos...

    Oh, s!...dijo el marido Como ha protegido a La Mantia.Mi ta estaba sofocada por la clera, y su marido aadiAqu estamos en familia, no?

    Y cont que un tal La Mantia, medio borracho, haba multado a Cardella; los amigos de La Mantia intervinieron de inmediato y esa misma noche lograron que hicieran las Paces; hubo muchas cheic jands, bebieron juntos... pero a la maana siguiente La Mantia yaca en una acera con una bala en la cabeza.

    T sigue hablandodijo mi ta y ya vers como tambin te ganas una bala en la cabeza.

    Hoy iremos los dos a dar un paseo por las afuerasdijo mi prima Uf,

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    cuntas moscas hay en este pueblo!Ellos haban trado DDT en polvo pero las moscas no se acababan nunca;

    bastaba abrir las ventanas y entraban en Oleadas. Mi madre se desesperaba porque vea que hacan sufrir a los americanos; preocupados por las moscas que se posaban sobre platos y vasos, sobre la carne y el pan, apenas si tocaban la comida. Mi ta se quejaba del pueblo, deca que haba esperado que estuviese distinto, ms nuevo y limpio, y en cambio estaba peor que antes. La decepcin de mi ta tena dos caras: nosotros, sus parientes, no estbamos muertos de hambre, como imaginaba desde Amrica, y el pueblo no haba mejorado como esperaba. Ella supona que iba a encontrarnos en la miseria vestidos con sus ropas y alimentados con sus latas de conservas vitaminadas; y en cambio no nos faltaba el pan de trigo ni el aceite de oliva, ni la leche, la carne, los huevos; tenamos radio, cortinas en las ventanas y camas mullidas. Mi ta, en Amrica, pensaba en esta casaque era la casa donde ella haba nacido con los suelos de yeso rojo, la cama embutida en la alcoba oscura y dura por las tablas y los colchones de crin y las sillas de enea y el arcn como nico mobil