Estudio Teologico Parusia_Benedetto

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7/15/2019 Estudio Teologico Parusia_Benedetto http://slidepdf.com/reader/full/estudio-teologico-parusiabenedetto 1/218 1 JUAN FRANCO BENEDETTO EL REINO DE DIOS SE INSTAURA CON LA SEGUNDA VENIDA DE JESUCRISTO 2ª Edición 2013 Estudio sobre la Segunda Venida de Jesucristo a la tierra, o “Parusía” www.laparusiaviene.com.ar

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    JUAN FRANCO BENEDETTO

    EL REINO DE DIOS SE

    INSTAURA CON LA

    SEGUNDA VENIDA DE

    JESUCRISTO

    2 Edicin 2013

    Estudio sobre la Segunda Venida de Jesucristo a la

    tierra, o Parusa

    www.laparusiaviene.com.ar

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    INDICE DEL LIBRO Pgina Prologo 5 Introduccin 9 A) Esquema del libro 9 B) Metodologa utilizada en este estudio 12 Captulo 1: Los dogmas de fe catlica sobre la Segunda Venida de Jesucristo 15 1) Dogma de la Segunda Venida de Cristo 15 2) Dogma de la resurreccin de los muertos 17 3) Dogma del Juicio Final Universal 17 4) Resumen de los Dogmas 18 5) El Milenarismo 18 Captulo 2: La interpretacin de las profecas mesinicas del Antiguo Testamento 21 A) El concepto de "Nuevo Pueblo de Dios" o "Nuevo Israel" 22 B) El concepto hoy de los Reinos de Jud y Samara 23 C) El concepto del Pueblo Elegido como "Esposa" de Dios 27 D) Resumen de los conceptos vistos 28 Captulo 3: Los acontecimientos precursores de la Segunda Venida de Cristo 29 A) Los preparativos en el cielo 29 1) La visn de la Santsima Trinidad antes de la ascensin de Jess 29 2) Visin del Cordero de Dios en el cielo 32 B) La apertura de los Siete Sellos: los instrumentos de Dios 34 C) Las seales indicativas de la cercana de la Parusa 38 D) Conclusiones 42 Captulo 4: El surgimiento de la Gran Babilonia 43 A) Races bblicas de la Gran Babilonia de los ltimos tiempos 43 B) La Gran Babilonia segn el Apocalipsis 46 C) Engao religioso generalizado y prdida de la fe y la caridad 47 D) La Gran Babilonia prepara la venida del Anticristo 50 E) La apostasa en las profecas del Antiguo Testamento 51 Captulo 5: El Juicio de Dios 53 A) El anuncio del Juicio de Dios por los profetas del Antiguo Testamento 53 1) El "da" del juicio de Yahveh vendr sobre su pueblo corrompido 54 2) El "da" del juicio de Yahveh tambin alcanzar a los paganos 55 3) El "Da de Yahveh" har surgir una tierra renovada 56 4) El Pueblo de Dios convertir a los pueblos paganos de la tierra 58 B) El momento en que se desarrollar este juicio: el fin del presente "en" 60 C) Las Fases sucesivas del Juicio de Cristo 67 Captulo 6: Primera Fase del Juicio: el tiempo de la advertencia o 7 Trompetas 69 A) Situacin en el mundo 69 B) El comienzo del tiempo de la advertencia 70 C) El toque de la Quinta Trompeta 71 D) La Gran Guerra nuclear 74 1) Las cuatro primeras trompetas 74 2) La Sexta Trompeta 75 E) La destruccin de Babilonia 75 F) La aparicin del Anticristo 78 G) La proclamacin del Evangelio a todo el mundo 83 H) La Sptima Trompeta 89 Captulo 7: La Segunda Fase del Juicio: tiempo de la ira de Dios o de las 7 copas 91 A) El tiempo de la ira de Dios 91 B) El arrebato de los elegidos 93 C) El Nuevo o Segundo Pentecosts 103 D) La resurreccin de los santos muertos 105 E) La transformacin de los vivos y los muertos 108 F) Las Bodas del Cordero con la Iglesia 111 G) El juicio de los vivos que restan en la tierra 114 H) Las Siete Copas 116 I) Resumen del Juicio de Cristo sobre los vivos y los muertos 121

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    Captulo 8: La materia del Juicio de Cristo a la Iglesia 123 A) El Juicio de Cristo a la Iglesia 124 1) Los discursos escatolgicos de Jess 124 a) Parbola del mayordomo prudente 125 b) Parbola de las diez vrgenes 126 c) Parbola de los talentos 128 2) Cartas a las Siete Iglesias 130 a) feso 131 b) Esmirna 131 c) Prgamo 132 d) Tiatira 134 e) Sardes 135 f) Filadelfia 136 g) Laodicea 137 3) Los excluidos de la Nueva Jerusaln 139 a) Incrdulos 140 b) Cobardes 141 c) Abominables 142 d) Impuros o fornicarios 143 e) Idlatras 143 f) Mentirosos 143 g) Hechiceros 143 h) Asesinos 144 B) El juicio de Cristo a los paganos 144 Captulo 9: La Parusa del Seor 147 A) La venida del Mesas segn el Antiguo Testamento 147 B) La Parusa segn el Nuevo Testamento 152 1) Aparecer una seal en el Cielo 152 2) Se ver al Hijo del hombre viniendo sobre las nubes 152 3) Se lamentarn en la tierra: la conversin de Israel 154 4) La "plenitud" de los gentiles es necesaria para la Parusa 158 5) Jesucristo vendr acompaado por sus santos 160 6) Jesucristo derrotar al Anticristo y sus aliados 163 7) Los cristianos sobrevivientes en la tierra alaban a Dios 164 8) Purificacin y transformacin de la tierra 165 Captulo 10: La instauracin del Reino de Dios 167 A) La Nueva Jerusaln, celestial y terrenal 168 1) La Jerusaln Celestial 168 2) La Jerusaln Terrenal 170 B) La instauracin del Reino de Dios terrenal 174 1) La vuelta de los santos acompaando a Cristo 174

    2) El gobierno del Reino terrenal 176

    C) El sentido del Reino de Dios terrenal 183 1) El grado de gloria eterno de los salvados 183 2) La conversin de los judos y su incorporacin a la Iglesia 188

    D) Armona con las profecas del A.T. sobre el surgimiento del Reino de Dios 189

    Captulo 11: El Juicio Final y el Reino de Dios eterno. 197 A) La vida en el Reino de Dios terrenal 197 B) El destino de los que mueren en este Reino terrenal 199 C) La suelta de Satans y la batalla final 200 D) El Juicio Final Universal 203 E) El descenso de la Nueva Jerusaln Celestial 206 Eplogo 207 1) Comentario General 207 2) Novedades que presenta este estudio 209 3) Diferencia profundas con respecto al mundo actual 212 4) Consideraciones finales 215

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    EL REINO DE DIOS SE INSTAURA CON LA SEGUNDA VENIDA DE JESUCRISTO

    PROLOGO

    Qu representa hoy para el catlico, en estos comienzos del Siglo XXI, la idea de la segunda Venida de Jesucristo a la tierra?

    Si hacemos esta pregunta a fieles catlicos comunes, escucharemos variadas respuestas, pero la conclusin general sobre ellas ser muy simple y clara: dicen poco y nada. Es un tema del que casi no se habla, ni en la catequesis tradicional, ni en los sermones dominicales, ni en la enseanza que se da a los adultos en los diversos nuevos Movimientos de la Iglesia.

    Sin embargo, el fiel catlico se encuentra rodeado de seguidores de otras religiones cristianas o seudo cristianas, como los Pentecostales en sus innumerables denominaciones, los Adventistas del Sptimo Da, los Testigos de Jehov, y otras sectas diversas, que desarrollan agresivas y organizadas campaas de evangelizacin, o mas bin de captacin de nuevos miembros, buscando especialmente pescar no en el mar abierto poblado por los incrdulos y ateos, sino ms bien en la pecera del cristianismo en general, y de la Iglesia catlica en particular. Su cebo o carnada principal est constituido por las diversas doctrinas respecto a lo que suceder en el fin del mundo, que de una manera u otra todas estas denominaciones religiosas consideran ms o menos cercano. El catlico con una fe elemental, con poco crecimiento espiritual, con una doctrina recibida en alguna catequesis ms o menos general, y que tiene pegada con unos pocos alfileres, pasa as a ser una presa relativamente fcil ante la preparacin y conviccin con la que es abordado por los integrantes de estos variados grupos religiosos. Por un lado aparecen las imgenes amenazadoras, que producen aprensin y temor, de las terribles catstrofes que ocurrirn en ese fin del mundo, que precedern a la Segunda Venida de Cristo, y por otra parte ofrecen paralelamente doctrinas tranquilizadoras como el arrebato de la verdadera Iglesia (que normalmente es la denominacin religiosa que est dando a conocer su mensaje), con la salvacin de esos elegidos, que son preservados de todos los acontecimientos de destruccin y dolor, que solamente quedarn reservados para los impos que no acepten el mensaje y doctrina de tal o cual fundador visionario de la iglesia en cuestin. Por supuesto este panorama es muchsimo ms complejo y amplio que esta sntesis, pero ella refleja, aunque quizs de un modo estereotipado, las realidades que enfrenta el fiel catlico sometido a ese bombardeo, que le llega desde distintas formas de comunicacin, partiendo del abordamiento oral, persona a persona, tocando los timbres de las casa o a travs de familiares, amistades o compaeros de trabajo, pasando por una gran profusin de folletos, libros y videos, hasta la presencia en los diversos medios de comunicacin, como la televisin o internet.

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    Pero no slo debemos hablar de los que podramos denominar cristianos con riesgo, como llama el Papa Juan Pablo II en su Carta Apostlica Novo millenio ineunte (N 34) al comn de los cristianos que se conforma con una fe y oracin superficial, incapaz de llenar su vida, por lo cual corre constantemente el riesgo insidioso de que su fe se debilite progresivamente, quizs acabando por ceder a la seduccin de los sucedneos, acogiendo propuestas religiosas alternativas. Tambin para los cristianos ms maduros, de fe ms arraigada, surgen hoy muchas preguntas y cuestionamientos, para los que en la prctica no encuentran mayores respuestas. El caso ms palpable lo presentan las innumerables apariciones y revelaciones marianas, que estn proliferando de manera extraordinaria, especialmente en el ltimo siglo de nuestra historia, por supuesto solamente tomando aquellas que han sido ms seriamente estudiadas y documentadas por la Iglesia.

    En ellas aparecen, como un leit motiv prcticamente constante, las referencias a los tiempos del fin, a la Segunda Venida de Jesucristo o Parusa, al Juicio de Dios, y a una Iglesia que, luego de grandes persecuciones y tribulaciones, soportando una gran apostasa en su seno, aparecer vencedora, pura y santa, destacndose de diversas formas la intervencin de la Santsima Virgen Mara como precursora de esta segunda Venida de su Hijo Jesucristo a la tierra. Entonces, de pronto, la Iglesia catlica se enfrenta al hecho real de que con sus dogmas de fe y doctrina escatolgica tradicional, se halla en figurillas para encajar estas revelaciones privadas en sus esquemas aceptados y establecidos. En mi caso particular me encontr de pronto frente a este problema. Despus de ms de quince aos de estar trabajando en la formacin espiritual avanzada de laicos adultos, en el mbito de la Renovacin Carismtica Catlica de la Argentina, me fui internando cada vez ms en la devocin mariana, reconocindola como camino necesario a recorrer para todo catlico que busca el crecimiento en su vida espiritual, tanto para vivirlo como para ensear a otros. As, entre otras cosas, me interes por el hecho apasionante de las apariciones de la Virgen Mara y sus revelaciones, y fui particularmente atrado por el fenmeno que se conoce como Movimiento Sacerdotal Mariano, nacido a travs de los mensajes de la Santsima Virgen al Padre Stefano Gobbi. Profundizando en el contenido de esos mensajes apareci de pronto ante m un nuevo escenario para mi vida espiritual, consistente en la segunda Venida del Seor y la era de paz, justicia y santidad que la suceder, con un especial derramamiento del Espritu Santo denominado el Segundo Pentecosts. Como casi ninguno de esos elementos encajaba en mis conocimientos doctrinales sobre el tema de los ltimos tiempos, me dediqu afanosamente a buscar y estudiar todo lo que pude encontrar relativo a la escatologa catlica, por lo que inevitablemente desemboqu en el estudio del Libro del Apocalipsis. Para ese momento llevaba casi 10 aos trabajando con una experiencia espiritual nueva en grupos de oracin, que buscaba insertar el gran impulso del Espritu Santo, que ofrece la experiencia del Espritu conocida en la mayora de los nuevos Movimientos en la Iglesia despus del Concilio Vaticano II, en el camino tradicional del crecimiento espiritual que desarrolla la Teologa Asctica y Mstica. Vale decir de paso que esta experiencia origin hace cinco aos lo que hemos denominado Escuela de Oracin y Crecimiento Espiritual, a cuya Pgina Web puede accederse desde esta direccin: www.contempladores.com.ar. Pero en ese tiempo nunca me haba interesado mayormente por el ltimo Libro de la Biblia, hasta que se despert en m la sed por conocerlo. Me sumerg en su lectura, acompaado por el estudio y la consulta de variados autores catlicos sobre el mismo, aunque segua sin lograr encontrar las respuestas que buscaba en relacin a los acuciantes interrogantes que me planteaba el tema de las apariciones marianas y sus mensajes.

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    Tambin fui leyendo estudios sobre el Apocalipsis de autores cristianos no catlicos, pero me aparecan conceptos que se alejaban mi formacin catlica, adems de los ataques a la Iglesia catlica que encontraba, ms o menos explcitos, por lo que no me interes seguir por esa va. Finalmente desemboqu en la nica salida que se me presentaba: ponerme personalmente a estudiar el tema de la escatologa, a partir en primer lugar del Apocalipsis, pero tambin detenindome en toda la revelacin sobre el fin de los tiempos del Nuevo Testamento, lo que me llev tambin, como era de esperar, al estudio de las profecas mesinicas del Antiguo Testamento. Han sido nueve aos de intenso trabajo, dentro de mis posibilidades de tiempo que son las de un laico que tiene familia y un trabajo para vivir, donde fui estudiando, meditando, escribiendo y tambin orando, lo que permiti poco a poco avanzar con distintas ideas y conclusiones que iban surgiendo, que a su vez fueron madurando con el tiempo, con una metodologa que explico con ms detalle en la Introduccin de este libro. Este trabajo no est terminado, ni creo que pueda acabarlo antes de culminar mi vida, pero en el ao 2010 sent que haba llegado el momento de darlo a conocer en el estado en que se encuentra actualmente, a partir de una Pgina Web. Seguirn luego sucesivas actualizaciones, agregados, enmiendas y cambios, aprovechando la ductilidad de las actuales herramientas informticas, como la actual Segunda Edicin de enero de 2013.

    Espero que el Espritu Santo inspire a los lectores que lleguen a este libro para que aprovechen lo que puede haber de inspirado en l, y sepan desechar lo que es puramente humano, y, por lo tanto, seguramente alejado de la Verdad. Las personas de fe cristiana necesitan hoy ms que nunca depositar su confianza y esperanza en el Seor Jesucristo que volver al mundo para instaurar su glorioso Reino de amor, de justicia, de paz y de santidad. Se comienza a tomar cada vez ms conciencia de la pesada herencia que le ha sido legada a la teologa catlica por San Agustn, hace ya ms de 16 siglos. Cuando el santo Doctor, en su sana intencin de desacreditar a los milenaristas crasos que promulgaban que despus de la Parusa los santos resucitados tendran en la tierra un milenio de goces carnales de todo tipo, para compensar los sufrimientos y tribulaciones pasados en este mundo, elimina de un plumazo la interpretacin literal de Apocalipsis 20,1-6, definiendo que el milenio en realidad comienza con la encarnacin de Jesucristo, y termina con el fin del mundo, sin buscarlo tambin elimina la gozosa esperanza cristiana que hasta all haba imperado en la Iglesia, en cuanto a la espera ansiosa del Reino de paz, justicia y amor que traera el Seor a la tierra como consecuencia de su Segunda Venida, terminando con la actual era de pecado generalizado. Slo quedarn en pie el temor y la angustia por el fin del mundo, por las catstrofes, cataclismos y muerte de toda la humanidad, dando pie a una visin de un Dios que castigar a la humanidad entera, sufriendo el mismo destino justos y pecadores. Por supuesto existe de hecho el consuelo para los que alcancen la Salvacin, sabiendo que resucitarn a una eterna vida de bienaventuranza en el cielo, pero esa visin le es muy ajena a la experiencia del hombre comn. Cuando todo lo que nos rodea muestra que el mundo est cada vez peor, cuando los tiempos para que el pecado se enseoree en porcentajes crecientes de la humanidad son siempre ms breves, cuando uno no ha terminado de asombrarse por el crecimiento de la impureza y la inmoralidad, de la violencia y de la injusticia, de la explotacin de los pobres y desposedos y de la corrupcin en todos los niveles de la sociedad, de la manipulacin casi total de la informacin con fines deshonestos, todo lo que llega a profundidades que pocos aos antes parecan imposibles de alcanzar, ya aparecen nuevos signos que presagian cosas an ms terribles, y, por sobre todo, cuando la persona de fe mira a su alrededor y prcticamente lo nico que ve es un olvido casi radical de Dios y de la sana doctrina evanglica, entonces aparece con una necesidad absoluta el poder alimentar la esperanza que dice que un mundo mejor que el actual es posible. Esta esperanza comprende que este mundo mejor no ser alcanzado por el esfuerzo humano, que lo nico que seguir logrando ser la degradacin moral y la destruccin de la tierra que Dios le ha dado al hombre en herencia, sino que ser Jesucristo mismo quien intervendr para torcer esta historia humana que solamente puede desembocar en los peores abismos que tienen preparados Satans y su corte de demonios.

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    Es necesario hoy, ms que en otras pocas, hablar, ensear, predicar y gritar a toda voz, si fuera necesario, las grandes verdades de Dios sobre los tiempos del fin de esta edad presente, de este siglo malo, para alimentar la esperanza de aquellos que en su fe la necesitan para seguir avanzando en sus convicciones cristianas, pese a todo y a todos, sabiendo que no es en vano, y que santificndose ellos y ayudando a santificarse a otros, no slo esperarn en paz la vuelta de Cristo en su Parusa, sino que acelerarn la venida del Da de Dios (2 Pedro 3,12), siendo instrumentos para que llegue lo antes posible la instauracin del Reino glorioso de Cristo en este mundo. Que Mara Santsima, Madre del Segundo Adviento, gue los pasos de aquellos que con corazn abierto y sincero, sientan el deseo de encontrar las respuestas que el Espritu quiere dar en nuestra poca a los interrogantes que surgen por doquier sobre la segunda Venida del Seor, para que todos los cristianos de buena voluntad sepamos prepararnos adecuadamente para tan magno acontecimiento, tanto si ocurre durante nuestra vida terrenal o despus de nuestra ida del mundo. Juan Franco Benedetto Buenos Aires Argentina 2 Edicin Enero 2013

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    EL REINO DE DIOS SE INSTAURA CON LA SEGUNDA VENIDA DE JESUCRISTO

    INTRODUCCION

    A) Esquema del libro.

    Cuando se quiere escribir sobre un tema como la instauracin del Reino de Dios por Jesucristo en su segunda Venida a la tierra, lo primero con que se tropieza es con la amplitud y complejidad de los argumentos a tratar, dificultad que adems aumenta cuando se considera que se est trabajando sobre sucesos que todava no ocurrieron, que pertenecen al futuro, y sobre los cules no poseemos ninguna certeza comprobable, siendo la nica base sobre la que podemos construir la Palabra de Dios, como revelacin proftica de lo que un da suceder por voluntad del Creador. Dado que toda la Biblia contiene, de una manera o de otra, revelacin proftica, desde el Gnesis, en las palabras de Yahveh a la serpiente y a Eva y Adn, conocidas como el protoevangelio, hasta el ltimo Libro del Nuevo Testamento, la profeca por excelencia, el Apocalipsis de Juan, tambin es necesario referirse a una enorme cantidad de pasajes bblicos. Por estos motivos, en un primer esquema este libro comprenda una Primera Parte, denominada El Reino de Dios se revela en el Antiguo Testamento, que ahora se encuentra incorporada en el captulo 9, y una Segunda Parte, cuyo ttulo rezaba El Reino de Dios se acerca con la primera Venida de Cristo, y que contena dos captulos, el primero estudiando la predicacin inicial de Jesucristo compuesta por la Bienaventuranzas y el Sermn de la Montaa, y el segundo referido a la revelacin de Jess sobre el Reino de Dios por medio de las parbolas. Debido a la extensin de esta Segunda Parte, y para centrar ms el libro en forma exclusiva sobre la segunda Venida del Seor y la instauracin del Reino de Dios, estos escritos se presentan en otra seccin de la Pgina, como artculos independientes, aunque por supuesto son muy importantes para la mejor comprensin de este estudio. En la organizacin del libro se ha decidido seguir un orden de los captulos basado en la cronologa que presenta el Libro del Apocalipsis, cuya estructura segn nuestro criterio la hemos desarrollado y explicado en el artculo incluido en esta Pgina bajo el ttulo Libro del Apocalipsis: un nuevo aporte para su interpretacin. Tal como se detalla all, consideramos que el hilo conductor de los acontecimientos narrados en las visiones del Apocalipsis pasa por los sucesos en el cielo, ya que son Dios Padre y su Hijo, el Cordero, quienes detentan la soberana sobre la historia de la humanidad. Ahora lo que presentamos es la Segunda Edicin del libro, actualizado en Enero de 2013, despus de la primera edicin de Octubre de 2010. En esta Edicin el cambio ms importante es el nuevo ordenamiento de varios de los captulos del libro, as como de ciertos temas que tambin se cambiaron de orden. Hay tambin algunos agregados menores, para una mejor explicacin de determinados puntos, lo que en su conjunto creemos que permite una lectura ms fluida y una mejor comprensin de la cronologa de los sucesos de los tiempos del fin. De esta manera, en el Captulo 1 se presentan los dogmas de fe catlicos sobre el tema de la segunda Venida de Jesucristo, la resurreccin de los muertos y el Juicio Final, a fin de poder contrastar su doctrina con lo que se va desarrollando en este estudio, lo que se hace en cada parte

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    pertinente. Se comprobar as que en la exgesis realizada se respetan absolutamente todos los aspectos de nuestra fe catlica. En el Captulo 2 planteamos algunos conceptos bsicos para la interpretacin de las profecas mesinicas del Antiguo Testamento, a saber: el concepto de Nuevo Israel o Nuevo Pueblo de Dios, el sentido hoy de los Reinos de Jud e Israel, y el concepto del Pueblo de Dios como Esposa de Dios y su personificacin en la Ciudad de Jerusaln. Estas premisas se utilizarn a lo largo de todo el estudio. Luego comenzamos a desarrollar la cronologa de los sucesos del tiempo del fin. Luego en el Captulo 3 se analizan las visiones del trono de Dios y la corte celestial, hasta el momento en que Dios Padre toma la decisin de iniciar los acontecimientos que desembocarn en el Da del Seor y la Parusa del Hijo del hombre, con la visin de la apertura de los siete sellos del rollo que est en la mano de Dios. Liberada la accin de los instrumentos divinos para los tiempos escatolgicos, analizamos cules sern en la tierra las seales indicativas de la cercana de la Parusa, aquellas que los hombres de fe podrn discernir para comenzar a prepararse para tan magno acontecimiento de la historia de la humanidad. En el siguiente Captulo, el N 4, nos encontramos frente al panorama de la humanidad en los tiempos cercanos a la Parusa, con la pavorosa realidad de un mundo materialista que idolatra las creaciones y la ciencia humanas, y descristianizado en una gran medida, simbolizado por una metrpoli dominadora, la Gran Babilonia, imbuida por un espritu seudo-religioso personificado en la Gran Ramera, instrumento dcil en las manos de Satans, el amo del mundo, cuyo nico objetivo es alejar totalmente de Dios a los hombres, as como l y su corte de demonios, ngeles cados, estn irrevocablemente separados de su Creador. Para lograr este objetivo, el diablo debe conseguir, a travs de aquellos que secundan su accin en el mundo, la destruccin de los cristianos, o sea, la eliminacin de la Iglesia, que constituida por un pequeo resto fiel a Cristo y a su verdadero Evangelio, sigue resistiendo en medio de una humanidad alejada de Dios y hostil en muchos casos hacia el cristiano que defiende su fe. Como preparacin para los temas que vendrn, el Captulo 5 plantea la realidad del Juicio de Dios que se producir sobre los vivos y los muertos cuando regrese Jesucristo en su segunda Venida. Estudiamos los antecedentes del tema en los escritos profticos del Antiguo Testamento, y un concepto sumamente importante, que nos clarifica en qu momento de la historia se producir este Juicio: el sentido de en o siglo, que cambiar con la Parusa. Tambin se propone la divisin del Juicio en Fases sucesivas y diversas. En el Captulo 6 se estudia la Primera Fase del Juicio de Dios, que denominamos el tiempo de la advertencia de la misericordia de Dios, o Tiempo de las siete Trompetas, segn el Apocalipsis. Este perodo de la historia humana terminar con la destruccin de la Gran Babilonia en manos de sus antiguos aliados, entre los cuales surgir quien heredar el poder en el mundo: el Anticristo, el falso Cristo que har creer a la mayor parte de los habitantes de la tierra que l es el verdadero Jesucristo que ha retornado al mundo en su Parusa tan esperada. Con el Anticristo y el falso Profeta que lo secunda situados en el vrtice de su poder, y, por ende, con Satans convertido finalmente en el amo total del mundo, termina esta primera fase del Juicio de Dios. Sigue el estudio en el Captulo 7 con la Segunda Fase del Juicio, que hemos llamado el tiempo de la ira de Dios o Tiempo de las Siete Copas, siguiendo al Apocalipsis. Aqu abordamos un tema que, por un lado tiene un desarrollo y una difusin muy grande en prcticamente la mayora de las denominaciones religiosas cristianas, y que, por otra parte, es casi tab en la doctrina catlica: el arrebato de los santos al encuentro con Jess antes de su manifestacin visible por toda la tierra. Aunque este hecho se basa en principio en el pasaje de la Primera Carta de San Pablo a los cristianos de Tesalnica, Captulo 4,15-18, hay una gran cantidad de referencias bblicas con respecto a la realidad de este suceso, las que analizamos con toda profundidad, y en particular lo hacemos con un elemento que es fundamental y que suele ser bastante descuidado: cul es el destino final de estos arrebatados, lo que, en definitiva, explica la razn por la cual se da este acontecimiento.

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    Surge aqu el fundamento escriturstico de otro suceso sobre el cual hoy se habla mucho, especialmente en mbitos catlicos: la manifestacin de un Segundo Pentecosts, es decir, de una efusin del Espritu Santo tan extraordinaria como la que origin a la Iglesia, despus de la Ascensin gloriosa del Seor al cielo. En este mismo contexto se trata otro tema tambin controvertido en ciertos crculos catlicos: la resurreccin de los santos como una primera resurreccin antes de la Universal. El captulo incluye un estudio pormenorizado de lo que San Pablo denomina transformacin en su conocido texto de la Primera Carta a los Corintios 15,51: No moriremos todos, mas todos seremos transformados, aplicable al tiempo de la Parusa de Cristo y complementario con la revelacin del arrebato de los elegidos. Continuamos con la descripcin y anlisis del sentido de otro magno evento, conocido como las Bodas del Cordero con la Iglesia, que se localiza en este perodo del Da de Dios que estudiamos en el captulo que se est describiendo. En el Captulo siguiente, el N 8, se desarrolla el complemento de los captulos anteriores, en cuanto al estudio de la materia del Juicio de Dios de los santos vivos a travs de Jesucristo, quien vendr nuevamente a la tierra para juzgar a los vivos y a los muertos. Para ello se estudiarn las parbolas escatolgicas de Jess, en primer lugar, y luego las Cartas a las siete iglesias del Apocalipsis, as como los pecados descriptos en este Libro proftico que impiden el ingreso a los hombres a la Nueva Jerusaln. Ya este Captulo comienza a aportar mucha luz sobre el aspecto central que pretendemos clarificar en este libro, desde una perspectiva eminentemente catlica: la instauracin del Reino Terrenal de Dios, adems del Reino Celestial. Esta es la tesis principal que desarrollamos y sustentamos, con aspectos novedosos que hasta ahora no se haban planteado en la doctrina catlica, al menos en forma ms o menos explcita y con un apoyo exegtico de raz totalmente catlica, de acuerdo a todos nuestros dogmas de fe. Estoy seguro que muchos, al leer estas afirmaciones, de inmediato pensarn: Ah, he aqu a otro milenarista que quiere defender esta peregrina doctrina!. Si ese fuera el caso, los invito a seguir adelante, para que al menos se den cuenta, aunque finalmente no la compartan, que se trata de una posicin doctrinal seria, desarrollada con muchos elementos, con base en dogmas y doctrinas catlicas aceptadas, y que puede aportar luz en variados aspectos referentes a los sucesos de los ltimos tiempos y a signos que actualmente ya se estn percibiendo en el mundo, en especial con referencia a las apariciones marianas y sus mensajes. Seguimos en este Captulo tratando los sucesos que se producen por el Juicio de Dios sobre los vivos que permanecen en la tierra, es decir, que no forman parte del grupo de los santos arrebatados, y que en el Apocalipsis comprende el septenario de las Copas con plagas que los siete ngeles de Dios vertern sobre el mundo. Se examina all la situacin en la tierra despus del perodo de la advertencia, donde fue destruido el imperio de la Gran Babilonia, y el Anticristo toma el poder, con la pavorosa realidad del aparente triunfo total de Satans, aunque en realidad all comenzar su derrota final. La ltima copa que derramarn marcar el final del Juicio de Dios sobre los vivos, y culminar con la manifestacin gloriosa y visible de Jesucristo al mundo, conocida como la Parusa o segunda Venida del Seor, que se presenta en el Captulo N 9. Se analizan detalladamente los sucesos que acompaan este extraordinario evento, desde las caractersticas que poseer esta manifestacin, pasando por el acompaamiento que tendr Jess en sus santos, hasta la derrota final del Anticristo y sus secuaces. A continuacin, el Captulo 10 trata acerca del tema ms importante del libro, ya que se refiere a la instauracin del Reino de Dios, tanto en su fase terrenal como en la celestial; aqu encontramos el captulo ms importante de la obra, dado que es crucial la adecuada exposicin doctrinal, para que su comprensin sea clara y no deje lugar a dudas o puntos de oscura interpretacin. Se examinan sucesivamente los siguientes temas: la diferenciacin clara entre la Jerusaln celestial y la Jerusaln terrenal, como imgenes de la Iglesia, en el pasaje de Apocalipsis 21,1 hasta 22,5, y cmo ser instaurado en la prctica el Reino de Dios terrenal, con el papel fundamental de los santos arrebatados que vuelven acompaando a Cristo en su segunda Venida, en el gobierno del Reino milenial desde la Iglesia purificada y santificada.

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    Termina este captulo fundamental con una explicacin pormenorizada y con fundamentos doctrinales netamente catlicos sobre el sentido y la conveniencia del Reino de Dios terrenal, en relacin con el grado de gloria eterna de los que se salvarn en l, y del importante papel del pueblo judo convertido, segn la conocida exposicin de San Pablo en el Captulo 11 de la Carta a los Romanos. Sigue el Captulo 11 con el desarrollo de aspectos relacionados con la vida en el Reino de Dios terrenal, de la suerte de los que mueren en su transcurso, y de los acontecimientos que llevarn al fin de la historia humana, con la realizacin del Juicio Final Universal y el descenso de la Nueva Jerusaln Celestial, para que finalmente Dios sea todo en todo (1 Corintios 15,28). Cierra el libro un Eplogo, que busca, a modo de sntesis, abarcar con una mirada ms elevada el conjunto de lo que se ha expuesto a lo largo del libro en forma pormenorizada, para asegurarnos que por mirar el rbol no dejemos de ver el bosque. All volcamos las grandes ideas directrices que guiaron este trabajo, as como algunas conclusiones generales referidas al conjunto doctrinal presentado. Esperamos que la exposicin que hacemos, organizada de la manera que hemos descrito, sea comprensible y suficientemente gil en su lectura, aunque necesariamente aparecen repeticiones de ciertos pasajes en captulos distintos, ya que en ellos se analizan sus elementos desde ngulos u objetivos diversos, segn la materia que se trata en forma preponderante en cada segmento del libro.

    B) Metodologa utilizada en este estudio.

    Me interesa aclarar cmo fue escrito este libro, a los efectos que aquellos que lo lean sepan de qu manera han surgido los distintos conceptos e interpretaciones de la Escritura que han sido volcadas en l. En primer lugar quiero dejar sentado que no soy un telogo, en el sentido de poseer estudios sistemticos y un ttulo en esta especialidad, y, por lo tanto, tampoco soy un exegeta, con el alcance habitual que se le da a este trmino, como aquella persona que est dedicada al estudio e interpretacin de la Escritura como ocupacin habitual, utilizando las modernas herramientas de esta ciencia (anlisis histrico-literario, estudios lingsticos, religiones comparadas, etc.) Mi formacin en teologa no ha sido sistemtica, sino que por inters propio, y por tener que desarrollar un ministerio, como laico, encargado de la enseanza y formacin espiritual de adultos catlicos en grupos de oracin, he ido haciendo cursos y seminarios variados, sobre diversos temas doctrinales catlicos, aunque lo principal ha sido la lectura y estudio de libros de Teologa Dogmtica y de Teologa Asctica y Mstica, adems de obras de autores clsicos sobre espiritualidad catlica. Como paralelamente, durante los ltimos veinte aos, he trabajado en la formacin espiritual avanzada de laicos adultos, en un proyecto que ha crecido y tomado forma hasta que desemboc en la actual Escuela de Oracin y Crecimiento Espiritual (ver su Pgina Web en la direccin: www.contempladores.com.ar), donde hemos ingresado a la experiencia de la contemplacin infusa, yo mismo he vivido, al menos en sus estadios iniciales, este proceso de transformacin interior. Descubr entonces lo que significa la accin de los siete dones del Espritu Santo sobre la inteligencia y voluntad humanas, y como poco a poco se va eliminando el razonamiento discursivo natural del entendimiento del hombre, siendo reemplazado por la luz intuitiva que dan los dones intelectuales (entendimiento, sabidura, ciencia y consejo) en la llamada contemplacin infusa, que es necesario aclarar que, si bien es una experiencia que nace en la oracin, luego se transforma en una accin que impregna en otros momentos las acciones de la meditacin, en especial en lo referente a la Palabra de Dios. Esto es lo que se podra denominar lectura espiritual de la Escritura, lo que significa estar leyendo bajo la gracia del Espritu Santo que produce la visin intuitiva de la virtud de la fe y, por ende, el conocimiento de las verdades divinas. Bajo este proceso de lectura espiritual he ido estudiando y escribiendo el contenido de este libro, adems de muchas otras tareas similares que he encarado sobre otros temas.

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    El Catecismo de la Iglesia Catlica de 1992 explica con claridad como en la vida de la Iglesia va creciendo la inteligencia de la fe, tomando lo que define la Constitucin dogmtica Dei Verbum: 94 Gracias a la asistencia del Espritu Santo, la inteligencia tanto de las realidades como de las palabras del depsito de la fe puede crecer en la vida de la Iglesia: -Cuando los fieles las contemplan y estudian repasndolas en su corazn (DV 8); es en particular la investigacin teolgica [...] la que debe profundizar en el conocimiento de la verdad revelada (GS 62,7; cfr. Ibd., 44,2; DV 23; Ibd., 24; UR 4). -Cuando los fieles comprenden internamente los misterios que viven (DV 8); Divina eloquia cum legente crescunt (la comprensin de las palabras divinas crece con su reiterada lectura, San Gregorio Magno, Homiliae in Ezechielem, 1,7,8: PL 76, 843). -Cuando las proclaman los obispos, que con la sucesin apostlica reciben un carisma de la verdad (DV 8). Por lo tanto es necesaria la aplicacin de estos tres principios para la adecuada comprensin de las verdades de la fe: el estudio de las escrituras apoyado en la teologa catlica desarrollada, la comprensin de las palabras divinas por la vivencia interior resultado de la lectura espiritual y la aceptacin de los dogmas proclamados por el Magisterio de la Iglesia, y esto mismo es lo que he intentado llevar a cabo en este estudio. Significa lo expresado que todo lo escrito ha sido inspirado por el Espritu Santo? De ninguna manera, ya que la accin de los dones del Espritu Santo, en aquellos que no tienen una contemplacin avanzada hasta los grados de unin con Dios ms profunda como en mi caso, que recin estoy en las primeras etapas de la misma, se manifiesta en forma intermitente, en forma paralela al razonamiento natural, por lo que inevitablemente se mezclan ambas cosas, y, diramos, la accin del Espritu Santo se contamina permanentemente con el razonamiento propio del sujeto, a partir de lo cual aparecen errores y conceptos humanos que terminan por confundirse con las mociones recogidas por los dones. Por eso el resultado es una mezcla que debe ser discernida, utilizndose solamente lo que resulte ser verdadero, y desechando y reemplazando lo que provenga nada ms que del razonamiento humano, influenciado por lgica por las ideas externas, las del mundo. Siendo esto as hay que tener claro el alcance de lo que se desarrolla en este estudio, cuyo objetivo, como ya expuse en el Prlogo, es que lo que haya de inspirado en l sirva de base para ulteriores estudios y desarrollos por aquellos que se encuentren dedicados a estas actividades con mayor capacidad que la ma. Obviamente al preparar este trabajo tambin he ledo y consultado una buena cantidad de literatura disponible sobre el tema, es decir, no se ha desechado nada de lo que existe, al menos de los autores ms reconocidos en idioma espaol e italiano, utilizando los conceptos que tiene relevancia en cuanto a la doctrina que he desarrollado. Al respecto quiero precisamente referirme a los mtodos modernos de la teologa, de la crtica escriturstica actual, que examina a fondo el historicismo de los pasajes bblicos, realiza el anlisis literario pormenorizado de los textos, estudia la lingstica y utiliza otras herramientas exegticas disponibles en estos tiempos. De todo esto surgen a veces conclusiones que, al menos para m, slo provocan confusiones y errores, al menos cuando trascienden los mbitos puramente acadmicos, como cuando se dice que tal o cual evangelista tom lo que escribi de determinadas fuentes de su poca, o que un pasaje ntegro de los evangelios no refleja palabras o hechos verdaderos de Jess, sino que es un agregado de quien escribi el texto, con alguna intencin teolgica o pastoral propia. De pronto el cristiano comn se enfrenta a estas cosas que lo llenan de dudas e interrogantes: sern stas palabras de Jess o las invent el que escribi el Evangelio para reflejar sus ideas personales o las de su comunidad? Hasta dnde tengo que creer que lo escrito en la Biblia es Palabra de Dios, y no simplemente palabras de hombres interesados en transmitir su versin? Al leer los Evangelios con estas ideas dando vueltas en la mente, se pierde el gozo de vivir lo dicho y enseado por el Seor, y cuando uno interpreta algo referente a un pasaje bblico, no sabe realmente si corresponde a lo que Jess pensaba o deca, o se refiere a un agregado de alguien ajeno al Seor.

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    Yo, personalmente, sigo creyendo que hay que leer toda la Biblia como Palabra de Dios, teniendo claro que es el Espritu Santo quien ha inspirado a los autores sagrados, aunque en ella no encontremos versiones taquigrficas o magnetofnicas de las palabras vertidas por Yahveh a los profetas en el Antiguo Testamento, o por Jess a sus apstoles y discpulos en el Nuevo. Las herramientas exegticas modernas sin duda son tiles, pero por s solas no pueden reflejar ms que de manera incompleta y parcial lo que Dios ha querido revelar. Como sntesis de lo expresado quiero referirme a lo dicho sobre este tema por alguien con muchsima ms autoridad y conocimiento que yo, nada menos que el Predicador del Papa, el Padre Raniero Cantalamessa. En oportunidad de la cuaresma del 2007, el P. Cantalamessa, en su predicacin ante el Papa Benedicto XVI y la Curia, el 23 de marzo de ese ao, expres lo siguiente, como introduccin al tema de las Bienaventuranzas: La investigacin sobre el Jess histrico, hoy tan en auge tanto la que hacen estudiosos creyentes como la radical de los no creyentes esconde un grave peligro: el de inducir a creer que slo lo que, por esta nueva va, se pueda remontar al Jess terreno es autntico, mientras que todo lo dems sera no-histrico y por lo tanto no autntico. Esto significara limitar indebidamente slo a la historia los medios que Dios tiene a disposicin para revelarse. Significara abandonar tcitamente la verdad de fe de la inspiracin bblica y por lo tanto el carcter revelado de las Escrituras. Parece que esta exigencia de no limitar nicamente a la historia la investigacin sobre el Nuevo Testamento comienza a abrirse camino entre diversos estudiosos de la Biblia. En 2005 se celebr en Roma, en el Instituto Bblico, una consulta sobre Crtica cannica e interpretacin teolgica (Canon Criticism and Theological Interpretation) con la participacin de eminentes estudiosos del Nuevo Testamento. Aquella tena el objetivo de promover este aspecto de la investigacin bblica que tiene en cuenta la dimensin cannica de las Escrituras, integrando la investigacin histrica con la dimensin teolgica. De todo ello deducimos que palabra de Dios, y por lo tanto normativo para el creyente, no es el hipottico ncleo originario diversamente reconstruido por los historiadores, sino lo que est escrito en los evangelios. El resultado de las investigaciones histricas hay que tenerlo enormemente en cuenta porque es el que debe orientar a la comprensin tambin de los desarrollos posteriores de la tradicin, pero la exclamacin Palabra de Dios! seguiremos pronuncindola al trmino de la lectura del texto evanglico, no al trmino de la lectura del ltimo libro sobre el Jess histrico. Las dos lecturas, la histrica y la de fe, tienen entre s un importante punto de encuentro. Un evento es histrico escribi un eminente estudioso del Nuevo Testamento cuando asoman en l dos requisitos: ha "sucedido" y adems ha asumido una relevancia significativa determinante para las personas que estuvieron involucradas en l y establecieron su narracin. Existen infinitos hechos realmente ocurridos que, en cambio, no pensamos en definir histricos, porque no han dejado huella alguna en la historia, no han suscitado ningn inters, ni han hecho nacer nada nuevo. Histrico no es por lo tanto el descarnado hecho de crnica, sino el hecho ms el significado de l. En este sentido, los evangelios son histricos no slo por lo que refieren verdaderamente ocurrido, sino por el significado de los hechos que sacan a la luz bajo la inspiracin del Espritu Santo. Los evangelistas y la comunidad apostlica antes que ellos, con sus aadidos y subrayados diversos, no hicieron sino evidenciar los diferentes significados o implicaciones de un determinado dicho o hecho de Jess. Juan se preocupa de hacer que se explique anticipadamente por Jess mismo este hecho cuando le atribuye las palabras: Mucho tengo todava que deciros, pero ahora no podis con ello. Cuando venga l, el Espritu de la verdad, os guiar hasta la verdad completa; pues no hablar por su cuenta, sino que hablar lo que oiga y os anunciar lo que ha de venir (Jn 16,12-13). Adhiero completamente a lo expresado por el Predicador de la Casa Pontificia, que nos vuelve a recordar que es el Espritu Santo quien ha inspirado todo lo escrito en la Biblia, y l es quien desea que lo comprendamos de la misma manera, es decir, leyendo los textos bajo la luz que nos da a nuestro entendimiento humano a travs de la virtud de la fe, perfeccionada por los dones de inteligencia, ciencia, sabidura y consejo. Quedan as planteados los elementos necesarios para la mejor comprensin de este estudio, con la descripcin a vuelo de pjaro de su contenido y organizacin. Slo resta entonces internarse en su lectura, que, una vez ms, va acompaada por el deseo que sea provechosa para quin la aborde, y que pueda aportar lo que est buscando el lector que ha decidido recorrer estas pginas.

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    EL REINO DE DIOS SE INSTAURA CON LA SEGUNDA VENIDA DE JESUCRISTO

    CAPITULO 1: LOS DOGMAS DE FE CATOLICA SOBRE LA SEGUNDA

    VENIDA DE JESUCRISTO

    Para iniciar este trabajo sobre la Segunda Venida de Jesucristo para instaurar su Reino, veamos cul es el marco dogmtico y doctrinal que nos da la teologa catlica sobre este tema. Tendremos as una referencia segura que nos permitir contrastar el desarrollo doctrinal realizado en esta obra, lo que haremos con respecto a cada uno de los dogmas comentados. 1) Dogma de la Segunda Venida de Cristo. Cristo vendr de nuevo con gloria para juzgar a vivos y muertos Este es el enunciado del dogma de fe divina y catlica referido a la Parusa o segunda Venida del Seor a la tierra. El Credo de la Iglesia catlica expresa: Jesucristo subi a los cielos y est sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso. Desde all ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos. Este dogma nos plantea dos verdades de fe distintas: la Segunda Venida de Jesucristo, o Parusa, y el juicio que el Seor llevar acabo. Cmo nos explica oficialmente la Iglesia este dogma a travs del Catecismo 1992? Lo hace en los siguientes numerales: N 670, 671, 672, 673, 674, 675, 676, 677, 678 y 679. Los puntos salientes que sostiene el Catecismo en estos artculos son los siguientes:

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    a) El Reino de Cristo manifiesta ya su presencia por los signos milagrosos (cf. Mc 16, 17-18) que acompaan su anuncio por la Iglesia (cf. Mc 16,20). (N 670) b) El Reino de Cristo ya est presente en su Iglesia, pero en absoluto en forma acabada, lo que recin suceder con el retorno del Seor a la tierra. Por esta razn los cristianos piden, sobre todo en la Eucarista, que se apresure el retorno de Cristo cuando suplican: Ven, Seor Jess (N 671). c) Cristo mismo ense antes de su ascensin al cielo que todava no era el tiempo de establecer el glorioso Reino mesinico anunciado por los Profetas y que esperaba Israel (cf. Hechos 1,6-7), sino que comenzaba un tiempo de espera y vigilia. (N 672). d) Desde la ascensin, el advenimiento de Cristo en la gloria es inminente (Cf. Apoc 22,20), aun cuando a nosotros no nos toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad (Hech 1,7; cf Mc 13,32). Este advenimiento escatolgico se puede cumplir en cualquier momento (cf. Mt 24,44; 1 Tes 5,2), aunque tal acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder estn retenidos en las manos de Dios (cf. 2 Tes 2,3-12) (N 673). e) La venida del Mesas glorioso, en un momento determinado de la historia (cf. Rom 11,31), se vincula al reconocimiento del Mesas por todo Israel (Rom 11,26; Mt 23,39), del que una parte est endurecida (Rom 11,25) en la incredulidad (Rom 11,20) respecto a Jess. (N 674) f) Antes del advenimiento de Cristo, la Iglesia deber pasar por una prueba final que sacudir la fe de numerosos creyentes (cf. Lc 18,8; Mt 24,12). La persecucin que acompaa a su peregrinacin sobre la tierra desvelar el misterio de iniquidad bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionar a los hombres una solucin aparente a sus problemas mediante el precio de la apostasa de la verdad. La impostura religiosa suprema es la del Anticristo, es decir, la de un seudo-mesianismo en que el hombre se glorifica a s mismo colocndose en el lugar de Dios y de su Mesas venido en la carne. (N 675) g) El Reino no se realizar, por tanto, mediante un triunfo histrico de la Iglesia (cf. Apoc 13,8) en forma de un proceso creciente, sino por una victoria de Dios sobre el ltimo dersencadenamiento del mal (cf. Apoc 20, 7-10), que har descender desde el cielo a su Esposa (cf. Apoc 21,2-4). (N 677) h) Siguiendo a los profetas y a Juan Bautista, Jess anunci en su predicacin el juicio del ltimo da. Entonces se pondrn a la luz la conducta de cada uno y el secreto de los corazones. (N 678) i) Cristo es Seor de la vida eterna. El pleno derecho de juzgar definitivamente las obras y los corazones de los hombres pertenece a Cristo como Redentor del mundo. Adquiri este derecho por su cruz. Pues bien, el Hijo no ha venido para juzgar sino para salvar y para dar la vida que hay en l. Es por el rechazo de la gracia en esta vida que cada uno se juzga ya a s mismo. (M 679) En general la doctrina catlica agrega los siguientes elementos mayormente aceptados: j) El momento en que se producir la Parusa de Cristo es desconocido por los hombres, y su conocimiento corresponde slo a Dios. k) Sin embargo, habr ciertas seales que indicarn que ese momento se est acercando: * La predicacin del Evangelio por todo el mundo: no habr una conversin de todo el mundo, sino que la fe cristiana habr sido predicada a todos los pueblos. * La conversin de los judos: esta doctrina surge de la interpretacin de la Carta a los Romanos 11,25-32. San Agustn, en La ciudad de Dios, libro 20, Captulo 29, explica: Es muy comn en la boca y corazn de los fieles que explicndoles la Ley este profeta Elas, grande y admirable, han de venir a creer los judos en el verdadero Cristo, es decir, en el nuestro. San Agustn expresa una opinin extendida, en cuanto a que la conversin a Cristo del pueblo judo tendr relacin con una segunda venida del profeta Elas.

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    * La apostasa de la fe: Ya Jess predijo que antes del fin del tiempo aparecern falsos profetas que extraviarn a muchos con su prdica mentirosa (Mateo 24,4-5), lo que reafirma San Pablo hablando de la apostasa de la fe cristiana antes de la Parusa (2 Tesalonicenses 2,3). * La aparicin y xito del Anticristo: El Anticristo es una persona determinada, promotora de una gran apostasa al final de los tiempos, por la que engaar a muchos hacindose pasar por el verdadero Cristo. * La aparicin de grandes calamidades, naturales y provocadas por el hombre: guerras y violencia, hambre, pestes y enfermedades incurables, terremotos, maremotos y otras catstrofes naturales por el estilo sern el preludio de la Segunda Venida del Seor, y un aviso para la humanidad. Veremos con absoluta claridad que ninguno de estos puntos dogmticos y doctrinales sobre la Parusa son contradecidos en nuestro estudio. 2) Dogma de la resurreccin de los muertos. Todos los hombres, rprobos y elegidos, resucitarn con sus cuerpos en el ltimo da. Este es otro dogma de fe catlica, sintetizado en el Credo de la Iglesia catlica: Creo en la resurreccin de la carne. El Catecismo 1992 nos aclara este dogma en los siguientes numerales: N 997: Qu es resucitar? En la muerte, separacin del alma y el cuerpo, el cuerpo del hombre cae en corrupcin, mientras que su alma va al encuentro con Dios, en espera de reunirse con su cuerpo glorificado, Dios, en su omnipotencia, dar definitivamente a nuestros cuerpos la vida incorruptible, unindolos a nuestras almas por la virtud de la resurreccin de Jess. N 998: Quin resucitar? Todos los hombres que han muerto. N 999: Cmo? Cristo resucit con su propio cuerpo. Del mismo modo, en l todos resucitarn con su propio cuerpo, que tienen ahora, pero este cuerpo ser transfigurado en cuerpo de gloria. N 1000: Este cmo sobrepasa nuestra imaginacin y nuestro entendimiento; no es accesible ms que por la fe. N 1001: Cundo? Sin duda en el ltimo da (Jn 6,39-40. 44.54;11,24); al final del mundo (LG 48). En efecto, la resurreccin de los muertos est ntimamente asociada a la Parusa de Cristo. Es as que este dogma de fe afirma el hecho de la resurreccin, significando que los cuerpos de los que han muerto, ya corrompidos por el paso del tiempo, volvern a la vida unindose con su misma alma, de lo que resultar la misma persona humana que era antes de la muerte, aunque ese cuerpo tendr caractersticas diferentes. En el dogma nada se determina en cuanto a la simultaneidad o no de la Parusa y de la resurreccin, aunque en general las doctrinas tradicionales ponen estos hechos ms o menos juntos. Es evidente que el planteo que hacemos en el presente trabajo en cuanto a una resurreccin en dos fases, primero los santos muertos en la Parusa, y luego los dems muertos al fin del mundo, no contradice ninguna definicin dogmtica de nuestra Iglesia catlica, que no se ha expedido sobre este aspecto.

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    3) Dogma del Juicio Final Universal. En el da del juicio comparecern todos los hombres con sus cuerpos ante el tribunal de Cristo para dar cuenta de sus actos, a fin de que cada uno reciba segn lo que haya hecho de bien o haya dejado de hacer durante su vida terrena. En el Catecismo 1992 se refieren estos numerales a este dogma: N 1038: La resurreccin de todos los muertos, de los justos y de los pecadores (Hech 24,15), preceder al Juicio Final. N 1039: Frente a Cristo, que es la Verdad, ser puesta al desnudo definitivamente la verdad de la relacin de cada hombre con Dios. El Juicio Final revelar hasta sus ltimas consecuencias lo que cada uno haya hecho de bien o haya dejado de hacer durante su vida terrena. N 1040: El Juicio Final suceder cuando vuelva Cristo glorioso, Slo el Padre conoce el da y la hora en que tendr lugar; slo l decidir su advenimiento. Entonces, l pronunciar, por medio de su Hijo Jesucristo, su palabra definitiva sobre toda la historia. Nosotros conoceremos el sentido ltimo de toda la obra de la creacin y de toda la economa de la salvacin y comprenderemos los caminos admirables por los que su Providencia habr conducido todas las cosas a su fin ltimo. N 1041: El mensaje del Juicio Final llama a la conversin, mientras Dios da alos hombres todava el tiempo favorable, el tiempo de salvacin (2 Cor 6,2). Inspira el santo temor de Dios. Compromete para la justicia del Reino de Dios. 4) Resumen de los dogmas. Esto es lo que se puede sintetizar sobre los dogmas de fe de la Iglesia catlica sobre los temas que hemos estudiado. Como se observa, tenemos tres principios dogmticos innegables: 1) Cristo volver al mundo en gloria para juzgar a vivos y muertos. Hay una segunda Venida de Cristo (Parusa), con el fin de juzgar a los vivos (nada se dice al respecto) y a los muertos (es el dogma del Juicio Final Universal). 2) Todos los muertos resucitarn en el ltimo da (rprobos y elegidos): No se define la extensin o concepto de ltimo da, aunque la doctrina catlica lo coloca despus de la Parusa de Cristo. 3) Despus de la resurreccin de los muertos habr un Juicio Final Universal: se retribuir a cada uno segn sus obras, siendo Cristo el Juez. Todos estos principios dogmticos se respetan claramente durante la exgesis desarrollada, no habiendo nada que contradiga estas grandes verdades de la fe catlica, por lo que creemos que nada puede objetarse desde este punto de vista fundamental. 5) El milenarismo. Con respecto al tema del llamado milenarismo, si bien no es objeto de declaraciones dogmticas en la Iglesia, tenemos algunos aspectos doctrinales y medidas disciplinarias que debemos considerar.

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    a) Decretos disciplinarios: En primer lugar existen los famosos Decretos de la Suprema Congregacin del Santo Oficio de 1941 y 1944, como respuesta a una interrogacin del Arzobispo de Santiago de Chile, que surgi ante la difusin de la obra del P. Manuel Lacunza La Venida del Mesas en gloria y majestad, y que tanto han sido utilizados para perseguir y condenar cualquier doctrina que se propusiera con respecto a la posibilidad de la existencia de un Reino terrenal de Cristo (milenio). El primer Decreto es del 11/07/1941, y establece lo siguiente: El sistema del milenarismo, an el mitigado, es decir, el que ensea que, segn la revelacin catlica, Cristo Nuestro Seor, antes del Juicio final, ha de venir corporalmente a esta tierra a reinar, ya sea con resurreccin anterior de muchos justos o sin ella, no se puede ensear sin peligro. Es decir, lo que no puede ensearse sin peligro es que Cristo ha de venir a reinar corporalmente en esta tierra, antes del juicio final. Obviamente esta es una medida disciplinaria para aplicar a la doctrina catlica, y no una definicin dogmtica. El 21 de Julio de 1944 el Santo Oficio emite un Decreto aclaratorio del anterior, que encontramos en el Denzinger N 3839: En estos ltimos tiempos se ha preguntado ms de una vez a esta Suprema Sagrada Congregacin del Santo Oficio que haya de sentirse del sistema del milenarismo mitigado, es decir, del que ensea que Cristo Seor, antes del Juicio Final, previa o no la resurreccin de muchos justos, ha de venir visiblemente para reinar en la tierra. Respuesta: el sistema del milenarismo mitigado no puede ensearse con seguridad. Estos decretos se refieren al milenarismo mitigado, es decir, aquel que no habla de goces carnales en la tierra por los santos resucitados (milenarismo craso) sino solamente de goces espirituales (ver al respecto nuestro artculo El milenarismo: concepto y alcances). Pero lo que se objeta es la presencia del Seor en la tierra, que en este decreto se define como visible, en lugar de la mencin en el decreto anterior como presencia corporal. De cualquier manera, lo que evidentemente se presenta como que no puede ensearse con seguridad es la presencia de Cristo en la tierra, eventualmente junto a los santos resucitados, luego de su Parusa, en medio de los viadores, lo que efectivamente lleva a interpretaciones doctrinales muy extraas y difciles de aceptar, que repugnan en muchos aspectos a la doctrina catlica. Este problema justamente no existe en la exgesis que desarrollamos en el presente trabajo, ya que no planteamos en ningn momento la presencia visible y corporal de Cristo en la tierra, ni al momento de su Parusa ni despus, ya que estamos convencidos que no es posible justificar doctrinalmente una mezcla en la tierra de viadores mortales junto a santos resucitados y al mismo Jesucristo. b) Aclaraciones del Catecismo 1992: El Catecismo de la Iglesia catlica 1992 tiene un numeral, el 676, que hace referencia al milenarismo: N 676: Esta impostura del Anticristo aparece esbozada ya en el mundo cada vez que se pretende llevar a cabo la esperanza mesinica en la historia, lo cual no puede alcanzarse sino, ms all del tiempo histrico, a travs del juicio escatolgico: incluso en su forma mitigada la Iglesia ha rechazado esta falsificacin del Reino futuro con el nombre de milenarismo (cf. DS 3839), sobre todo bajo la forma poltica de un mesianismo secularizado, intrnsecamente perverso (cf. Po XI, Divini Redemptoris, que condena el falso misticismo de esta falsificacin de la redencin de los humildes; GS 20-21). En este artculo del Catecismo se plantean dos aspectos sobre el milenarismo:

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    1) Se rechaza el milenarismo definido como la presencia visible de Cristo reinando en la tierra luego de su Parusa, hacindose referencia a la medida disciplinaria que hemos comentado en el punto anterior. 2) Tambin se rechaza la falsificacin del Reino futuro dada por esperanzas mesinicas llevadas a cabo en la historia, en especial bajo la forma de mesianismos secularizados. Es decir, se objetan las posiciones que propugnan la posible existencia en el mundo de una especie de Reino de Dios alcanzado por el esfuerzo del hombre, sobre todo cuando se plantea este Reino mesinico desde la ptica de religiones falsificadas, a la manera de la que propondr al fin de los tiempos la impostura del Anticristo. Quedan de esta manera absolutamente claros los enfoques del llamado milenarismo que la Iglesia rechaza y condena, pero que en absoluto descartan la posible existencia de un Reino terrenal o milenial de Cristo sobre la tierra que doctrinalmente no caiga en estos errores, que es lo que propondremos con firmes fundamentos a lo largo de la presente obra.

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    EL REINO DE DIOS SE INSTAURA CON LA SEGUNDA VENIDA DE JESUCRISTO

    CAPITULO 2: LA INTERPRETACION DE LA PROFECIAS

    MESIANICAS DEL ANTIGUO TESTAMENTO

    Todos los estudios y exgesis que se han hecho sobre el fin de los tiempos y la instauracin del Reino de Dios, ya sea las tradicionales, que consideran una sola fase: Venida, Resurreccin, Juicio Final Universal y Reino de Dios celestial y eterno (que se suelen denominar en general no-milenaristas), y las diferentes concepciones, llamadas en forma genrica milenaristas, las cuales admiten un Reino de Dios terrenal intermedio, terminan siempre con la necesidad que surge, como una especie de filtro de las tesis desarrolladas, de evidenciar de qu manera se cumplen en la doctrina sostenida las profecas del Antiguo Testamento sobre los tiempos mesinicos, el famoso Da de la ira del Seor. Se encuentran en este campo innumerables enfoques, desde los que hablan de profecas ya cumplidas con la primera Venida de Jess y la destruccin de Jerusaln por los romanos (doctrinas preteristas), hasta los que toman estas profecas en forma literal y las aplican al pueblo de Israel segn la carne, no teniendo entonces ms salida que desarrollar su tesis del Reino de Dios terrenal sobre la base que ser el pueblo judo convertido el que queda en la tierra, mientras que la Iglesia cristiana es arrebatada y mora en la Jerusaln celestial. Muchos otros buscan acomodar estas profecas, generalmente utilizando el recurso de la alegora, para que de una manera u otra se vaya dando su cumplimiento en la historia ya vivida del cristianismo, dejando unos pocos anuncios profticos reservados para el fin de los tiempos, aquellos que no se pudieron todava dar por cumplidos en ningn acontecimiento ya transcurrido. El Libro del Apocalipsis est redactado mirando en forma continua las profecas del Antiguo Testamento. En la introduccin a este Libro, en la Biblia de Straubinger, el autor comenta: En los 404 versculos del Apocalipsis se encuentran 518 citas del Antiguo Testamento, de las cules 88 tomadas de Daniel. Ello muestra sobradamente que en la misma Biblia es donde han de buscarse luces para la interpretacin de esta divina profeca. Es por esta razn que en este estudio haremos una continua referencia a los pasajes del Antiguo Testamento que sean pertinentes para explicar los sucesos de los tiempos del fin. Jess dice con mucha claridad: No pensis que he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Si, os lo aseguro: el cielo y la tierra pasarn antes que pase una i o una tilde de la Ley sin que todo suceda (Mt. 5,17-18). Pero para entender el sentido de las profecas del Antiguo Testamento sobre los tiempos mesinicos, es necesario tener en consideracin algunos conceptos bsicos para su interpretacin. El problema mayor que se enfrenta es que hay que entender a qu realidades se refieren los acontecimientos profticos aplicados a los tiempos por venir, considerando que han pasado entre 2.500 y 3.000 aos desde que esa profecas fueron dadas por Dios a sus siervos los profetas. Para esto vamos a desarrollar tres conceptos que nos van a ayudar grandemente a que una buena parte de las antiguas profecas tengan sentido hoy para la Iglesia Catlica, y nos muestren con claridad qu es lo que debemos esperar segn lo que Dios nos ha revelado.

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    A) El concepto de Nuevo Pueblo de Dios o Nuevo Israel. Nosotros proponemos un enfoque de interpretacin basado en los claros conceptos catlicos sobre el significado bblico del pueblo de Dios o pueblo de Israel aplicado a los tiempos del cristianismo. El hecho de entender este concepto provee la llave maestra que da la comprensin plena de todas las profecas del Antiguo Testamento referidas a los tiempos del fin, y, algo todava ms importante an, permite que su lectura y meditacin sean aplicadas a las realidades del cristianismo que hoy se estn viviendo, y tambin a aquellas que vendrn en el futuro. La referencia mejor y ms actualizada que podemos tomar es la del Concilio Vaticano II, de modo que no queden dudas frente a lo expuesto en sus magnos documentos. El Captulo II de la Constitucin Dogmtica Lumen gentium sobre la Iglesia, nos habla respecto al pueblo de Dios. Veamos algunos textos: 9. En todo tiempo y en todo pueblo es grato a Dios quien le teme y practica la justicia (cf. Hch 10,35). Sin embargo, fue voluntad de Dios el santificar y salvar a los hombres, no aisladamente, sin conexin alguna de unos con otros, sino constituyendo un pueblo, que le confesara en verdad y le sirviera santamente. Por ello eligi al pueblo de Israel como pueblo suyo, pact con l una alianza y le instruy gradualmente, revelndose a S mismo y los designios de su voluntad a travs de la historia de este pueblo, y santificndolo para S. Pero todo esto sucedi como preparacin y figura de la alianza nueva y perfecta que haba de pactarse en Cristo y de la revelacin completa que haba de hacerse por el mismo Verbo de Dios hecho carne. He aqu que llegar el tiempo, dice el Seor, y har un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Jud... Pondr mi ley en sus entraas y la escribir en sus corazones, y ser Dios para ellos y ellos sern mi pueblo... Todos, desde el pequeo al mayor, me conocern, dice el Seor (Jr 31,31-34). Ese pacto nuevo, a saber, el Nuevo Testamento en su sangre (cf. 1 Co 11,25), lo estableci Cristo convocando un pueblo de judos y gentiles, que se unificara no segn la carne, sino en el Espritu, y constituyera el nuevo Pueblo de Dios. Pues quienes creen en Cristo, renacidos no de un germen corruptible, sino de uno incorruptible, mediante la palabra de Dios vivo (cf. 1 P 1,23), no de la carne, sino del agua y del Espritu Santo (cf. Jn 3,5-6), pasan, finalmente, a constituir un linaje escogido, sacerdocio regio, nacin santa, pueblo de adquisicin..., que en un tiempo no era pueblo y ahora es pueblo de Dios (1 P 2, 9-10). 13. Todos los hombres estn llamados a formar parte del nuevo Pueblo de Dios. Por lo cual, este pueblo, sin dejar de ser uno y nico, debe extenderse a todo el mundo y en todos los tiempos, para as cumplir el designio de la voluntad de Dios, quien en un principio cre una sola naturaleza humana, y a sus hijos, que estaban dispersos, determin luego congregarlos (cf. Jn 11,52). Para esto envi Dios a su Hijo, a quien constituy en heredero de todo (cf. Hb 1,2), para que sea Maestro, Rey y Sacerdote de todos, Cabeza del pueblo nuevo y universal de los hijos de Dios. Para esto, finalmente, envi Dios al Espritu de su Hijo, Seor y Vivificador, quien es para toda la Iglesia y para todos y cada uno de los creyentes el principio de asociacin y unidad en la doctrina de los Apstoles, en la mutua unin, en la fraccin del pan y en las oraciones (cf. Hch 2,42). As, pues, el nico Pueblo de Dios est presente en todas las razas de la tierra, pues de todas ellas rene sus ciudadanos, y stos lo son de un reino no terrestre, sino celestial. Todos los fieles dispersos por el orbe comunican con los dems en el Espritu Santo, y as, quien habita en Roma sabe que los de la India son miembros suyos. Y como el reino de Cristo no es de este mundo (cf. Jn 18,36), la Iglesia o el Pueblo de Dios, introduciendo este reino, no disminuye el bien temporal de ningn pueblo; Se desprende de estos textos conciliares con difana claridad que el pueblo de Israel segn la carne fue preparacin y figura (tipo) de la alianza nueva y perfecta que habr de pactarse en Cristo. Por lo tanto, a partir del acontecimiento de la primera Venida de Cristo, se constituye el nuevo pueblo de Dios o nuevo Israel, convocado por el Seor y que incluye a judos y gentiles unificados no segn la carne sino en el Espritu Santo. Este Nuevo Israel es designado como Iglesia de Cristo, y todos los hombres estn llamados a formar parte de ella, sin ningn tipo de acepciones ni distinciones. De esta manera, toda profeca del Antiguo Testamento que se sita en los tiempos escatolgicos, que obviamente todava no han llegado, que hace referencia al pueblo de Dios, al pueblo de Israel, a la Casa de Israel o a otras denominaciones equivalentes, debe sin duda aplicarse al Nuevo pueblo de Dios, o Nuevo Israel o, simplemente, a la Iglesia de Cristo.

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    Con esta clave de interpretacin deberan entonces leerse las profecas escatolgicas antiguas, lo que parecera ser, en principio, muy sencillo. Pero surge una ulterior dificultad, a la que hay que encontrarle solucin, so pena de comenzar a tener grandes problemas al intentar estudiar la aplicacin de las profecas del Antiguo Testamento al Nuevo Pueblo de Dios, que nos soluciona un segundo elemento de importancia. B) El concepto hoy de los Reinos de Jud y Samara. La traba que comentbamos aparece cuando encontramos profecas que se refieren alternativamente a los dos reinos en que se divide el Reino de Israel como consecuencia del cisma poltico y religioso que se produce a la muerte del rey Salomn: el reino del Sur o reino de Jud, compuesto por dos tribus, las de Jud y Benjamn, con capital en Jerusaln, y el reino del Norte o reino de Israel, formado por las otras diez tribus, con capital en Samara. Pero sabemos que el reino de Israel fue devastado por los asirios, cayendo en el 722 A.C. su capital Samara, luego de lo cual sus habitantes fueron deportados a las lejanas regiones del norte, donde se perder todo rastro de las diez tribus que lo componan. Casi un siglo y medio ms tarde el reino de Jud ser derrotado por los Babilonios, Jerusaln y el Templo terminarn quemados y derruidos, y la gran mayora del pueblo judo sufrir el destierro en Babilonia. A pesar de estos hechos, todos los profetas posteriores anunciarn que en los tiempos mesinicos, tiempos escatolgicos en los cuales el Ungido de Dios restaurar al pueblo elegido, se producir nuevamente la unin de las doce tribus de Israel. Vemos entonces, frente a estas realidades, que no es fcil aplicar directamente las profecas antiguas a la Iglesia de los ltimos tiempos, sino que hacen falta otras definiciones. Creemos que para dilucidar estas incgnitas es muy til apelar a la teora del tipo y del antitipo que se aplica a las revelaciones profticas. Se define como antitipo el objeto principal de una profeca, aquello que, revelado por Dios a travs de un profeta suyo, se cumplir en un futuro. En cambio, el tipo es el acontecimiento conocido y vivido por el profeta, que prefigura lo que ocurrir a partir de la visin o la palabra proftica. El Padre Leonardo Castellani explica muy bien esta clave de interpretacin proftica: Toda profeca se desenvuelve en dos planos y se refiere a la vea a dos sucesos: uno prximo, llamado typo, y otro remoto, llamado antitypo. El profeta describe sucesos lejansimos, para los cuales hasta las palabras resultan deficientes, pero proyectndolos analgicamente desde sucesos cercanos. De este modo Isaas profetiz la redencin de la humanidad en la liberacin del pueblo judo del cautiverio babilnico, as como San Juan describi la segunda Venida en la destruccin de la Roma Imperial, y el mismo Cristo previ el fin del mundo en la cada de Jerusaln. Cuando, pues, dijo no pasar esta generacin sin que estas cosas sucedan. El cielo y la tierra pasarn, pero mis palabras no pasarn (Mc 13,30-31) se refera a la vez a los apstoles all presentes, con referencia al typo, que es el fin de Jerusaln, y tambin a la descendencia de los apstoles con referencia al antitypo, el fin del mundo. Los apstoles vern el fin de Jerusaln, la Iglesia ver el fin del mundo. As lo puso en claro un gran telogo, el cardenal Billot, en su libro La Parousie, donde afirma que el profeta ve el punto lejano e inescrutable a la luz o por transparencia de un suceso cercano, tambin futuro, pero ms inteligible y obvio. Veamos algunos ejemplos clsicos de esta doctrina que nos aclararn su aplicacin: en el Libro del Apocalipsis la persecucin a los cristianos por los romanos, que ocurra en la poca en que fue escrito (fines del siglo I) es el tipo de la persecucin que sufrir la Iglesia fiel de los ltimos tiempos (antitipo), por la Gran Babilonia primero, y finalmente por el Anticristo. Tambin la destruccin de Jerusaln por el ejrcito romano en el ao 70 es el tipo de la destruccin de la Jerusaln de los tiempos finales (Iglesia cristiana) que constituye el antitipo, por el Anticristo y sus secuaces. Jess utiliza claramente este simbolismo del tipo y antitipo en su discurso escatolgico (Mateo 24, Lucas 21), donde presenta el asedio y la ruina de Jerusaln por los romanos como figura de lo que ocurrir en tiempos de su segunda Venida. En el Nuevo Testamento se utiliza la palabra griega typo, usualmente traducida como figura, precisamente para establecer el concepto de tipo tal como lo estamos definiendo. Veamos algunos ejemplos:

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    Romanos 5, 12-15: Por tanto, como por un solo hombre entr el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y as la muerte alcanz a todos los hombres, por cuanto todos pecaron; - porque, hasta la ley, haba pecado en el mundo, pero el pecado no se imputa no habiendo ley; con todo, rein la muerte desde Adn hasta Moiss aun sobre aquellos que no pecaron con una trasgresin semejante a la de Adn, el cual es figura (typo) del que haba de venir... Pero con el don no sucede como con el delito. Si por el delito de uno solo murieron todos cunto ms la gracia de Dios y el don otorgado por la gracia de un solo hombre Jesucristo, se han desbordado sobre todos! El primer hombre, Adn, como cabeza de la raza humana, pec y por su falta el pecado y la muerte recaen sobre la humanidad. El primer padre es tipo de Cristo, nueva cabeza de la raza humana, que salva a los hombres del pecado y la muerte, siendo don de Dios para la humanidad. 1 Corintios 10, 1-11: No quiero que ignoris, hermanos, que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube y todos atravesaron el mar; y todos fueron bautizados en Moiss, por la nube y el mar; y todos comieron el mismo alimento espiritual; y todos bebieron la misma bebida espiritual, pues beban de la roca espiritual que les segua; y la roca era Cristo. Pero la mayora de ellos no fueron del agrado de Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron en figura (typo) para nosotros para que no codiciemos lo malo como ellos lo codiciaron. No os hagis idlatras al igual de algunos de ellos, como dice la Escritura: Sentse el pueblo a comer y a beber y se levant a divertirse. Ni forniquemos como algunos de ellos fornicaron y cayeron muertos 23.000 en un solo da. Ni tentemos al Seor como algunos de ellos le tentaron y perecieron vctimas de las serpientes. Ni murmuris como algunos de ellos murmuraron y perecieron bajo el Exterminador. Todo esto les aconteca en figura (typo), y fue escrito para aviso de los que hemos llegado a la plenitud de los tiempos. Lo que le sucedi a los israelitas en su marcha por el desierto es el tipo que muestra al fin de los tiempos lo que suceder (antitipo), para tenerlo como aviso y no caer en lo malo como ellos. Tambin encontramos en otros textos el concepto de antitipo: 1 Pedro 3, 18-21: Pues tambin Cristo, para llevarnos a Dios, muri una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espritu. En el espritu fue tambin a predicar a los espritus encarcelados, en otro tiempo incrdulos, cuando les esperaba la paciencia de Dios, en los das en que No construa el Arca, en la que unos pocos, es decir ocho personas, fueron salvados a travs del agua; a sta corresponde (es el antitypo) ahora el bautismo que os salva y que no consiste en quitar la suciedad del cuerpo, sino en pedir a Dios una buena conciencia por medio de la Resurreccin de Jesucristo. Tomando entonces esta doctrina tipolgica, la aplicaremos al cisma poltico y religioso que se produce en el reino de Israel, considerando que es el tipo de la separacin entre judos y cristianos (antitipo) que producir la primera Venida de Jesucristo. Veamos primero los datos del tipo: Despus de la muerte del rey Salomn, asumi como rey su hijo Roboam, quien impuso al pueblo cargas an ms pesadas que las que haba exigido su padre, a fin de mantener el esplendor del reino de Israel en general, y de Jerusaln y el Templo en particular. Esta situacin desemboc finalmente en un cisma poltico, constituyndose por un lado el reino de Israel o reino del Norte con Jeroboam como rey, formado por diez de las doce tribus, con capital en Samara, y el reino de Jud, en el sur, con capital en Jerusaln y regido por Roboam, quedando all solamente la casa de David, formada por las tribus de Jud y Benjamn. Transcurra en ese momento el ao 931 a.C. El reino de Israel cay rpidamente en la idolatra, como consecuencia que Jeroboam, para evitar que el pueblo volviera a Jerusaln para ofrecer sacrificios en el Templo, y de esa manera pudiera abandonar el reino del Norte, decide construir dos becerros de oro, a los que coloca en Betel y en Dan, para que sean adorados como el Dios que sac a Israel del pas de Egipto (cf. 1 Reyes 12,1-33). Luego de ms de 200 aos, en el ao 722 a.C. se produce la invasin del reino de Israel por los asirios, que destruyen Samara y deportan al norte a los israelitas, de los que se perder definitivamente el rastro en la oscuridad de la historia, dando lugar a las que se conoce como las diez tribus perdidas de Israel. El reino de Jud, a pesar de poseer el Templo en Jerusaln, es decir, el lugar donde se encontraba la presencia de Dios y el culto verdadero, tambin caer mayoritariamente en la apostasa, encabezada por reyes impos e idlatras que se van sucediendo, hasta que en el ao 587 la Ciudad

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    Santa ser devastada por el ejrcito babilonio, el Templo quedar destruido, y la mayora de los judos sern deportados a la lejana Babilonia. El profeta Zacaras, 200 aos ms tarde (ao 520 a.C.) profetizar sobre la restauracin mesinica de Israel, y, con gran claridad, tendr visiones sobre las dos venidas del Mesas, Jesucristo, la primera en humildad y la segunda con el poder para ejecutar el juicio del Da del Seor. En el Captulo 11 presenta profticamente la primera Venida del Seor, utilizando para ello la figura del Buen Pastor: Zacaras 11, 4-14: As dice Yahveh, mi Dios: Apacienta las ovejas del matadero; cuyos compradores las matan impunemente, y cuyos vendedores dicen: Bendito sea Yahveh, pues me he hecho rico! y los pastores no les tienen compasin. As tampoco Yo me apiadar de los habitantes de esta tierra, dice Yahveh. He aqu que entregar los hombres unos en manos de otros y en poder de su rey; ellos desolarn la tierra y Yo no los librar de su mano. Apacent, pues, las ovejas del matadero, porque eran las ovejas ms pobres; y tom dos cayados; al uno le llam Gracia y al otro Unin; y apacent el rebao. Y di muerte a tres pastores en un mes. Entonces perd la paciencia con las ovejas y tambin ellas estaban cansadas de m. Y dije: No os apacentar ms; la que debe morir, que muera; la que debe perderse, que se pierda. Y las restantes, que se coman unas a otras. Y tom mi cayado Gracia, y lo romp para anular mi alianza que haba hecho con todos los pueblos. Y qued anulado en aquel da; y as aquellos ms pobres del rebao que hacan caso de m, conocieron que era palabra de Yahveh. Y les dije: Si os parece justo, pagad mi salario; y si no, dejadlo. Y ellos pesaron mi salario; treinta monedas de plata. Entonces Yahveh me dijo: Tira al alfarero ese lindo precio en que me estimaron! Tom, pues, las treinta monedas de plata, y las tir al alfarero en la Casa de Yahveh. Luego romp el otro cayado Unin, para romper la hermandad entre Jud e Israel. Aqu el profeta desempea, a pedido de Yahveh, el papel del buen Pastor, siendo el tipo de Cristo. En primer lugar se le pide que apaciente a las ovejas del matadero, que representan el resto del pueblo de Dios fiel que sufre a consecuencia de los malos reyes y la injusticia de los impos, que los esquilman cruelmente: Salmo 44 (43), 18-23: Nos lleg todo esto sin haberte olvidado, sin haber traicionado tu alianza. No haban vuelto atrs nuestros corazones, ni haban dejado nuestros pasos tu sendero, para que t nos aplastaras en morada de chacales, y nos cubrieras con la sombra de la muerte! Si hubisemos olvidado el nombre de nuestro Dios o alzado nuestras manos hacia un dios extranjero, no se habra dado cuenta Dios, l, que del corazn conoce los secretos? Pero por ti se nos mata cada da, como ovejas de matadero se nos trata. El mismo Jess increpar duramente a los malos pastores en muchos de sus discursos (cf. Lucas 11,37-53; Mateo 7,15), porque vea al pueblo abandonado como ovejas sin pastor: Mateo 9,36: Y al ver a la muchedumbre, sinti compasin de ella, porque estaban vejados y abatidos como ovejas que no tienen pastor. En el pasaje de Zacaras el pastor apacienta a las ovejas tomando dos cayados, que tienen por nombre Gracia y Unin, que simbolizan, el primero, la alianza antigua que Dios hizo con el pueblo elegido, as como la gracia de la Nueva Alianza hecha a travs de Jesucristo: Juan 1,17: Porque la Ley fue dada por medio de Moiss; la gracia y la verdad nos han llegado por Jesucristo. La Unin es la que existe entre las doce tribus de Israel, como un nico reino bajo el mismo rey. El pastor es rechazado por las ovejas: tambin ellas estaban cansadas de m, cumplindose lo que le ocurrir a Jess: Lucas 19, 41-42: Al acercarse y ver la ciudad (Jerusaln), llor por ella diciendo: Si tambin t conocieras en este da el mensaje de paz! Pero ahora ha quedado oculto a tus ojos Ante este rechazo del pueblo el buen pastor lo abandona a los enemigos y a las luchas internas, en seal de lo cual rompe el cayado Gracia. Al rechazarlo y despreciar su gracia, los judos perdieron la promesa de Dios, prefiriendo su propia justicia:

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    Romanos 3, 21-24: Pero ahora, independientemente de la ley, la justicia de Dios se ha manifestado, atestiguada por la ley y los profetas, justicia de Dios por la fe en Jesucristo, para todos los que creen - pues no hay diferencia alguna; todos pecaron y estn privados de la gloria de Dios - y son justificados por el don de su gracia, en virtud de la redencin realizada en Cristo Jess La justicia de Dios se manifiesta en la justificacin del pecador, por la gracia de Dios dada a los hombres a travs de la Redencin de Cristo Jess. Romanos 10, 1-4: Hermanos, el anhelo de mi corazn y mi oracin a Dios en favor de ellos es que se salven. Testifico en su favor que tienen celo de Dios, pero no conforme a un pleno conocimiento. Pues desconociendo la justicia de Dios y empendose en establecer la suya propia, no se sometieron a la justicia de Dios. Porque el fin de la ley es Cristo, para justificacin de todo creyente. Los judos desconocieron la justicia de Dios, no la apreciaron como deban, y se forjaron un ideal de justicia que era slo la expresin de su propio orgullo. El buen pastor es despedido por el pueblo con desprecio, ya que el salario que le pagaron, treinta siclos de plata, era el precio de un esclavo (cf. Mateo 27,3-5). Todo esto se cumpli en Jesucristo, quien fue entregado a los sumos sacerdotes por Judas por el precio de treinta monedas de plata, quien luego, acosado por los remordimientos, los arroj en el Templo (cf. Mateo 27,3-5). Finalmente el pastor rompe tambin el segundo cayado, lo que significa la separacin del pueblo israelita en dos secciones, Jud e Israel. Si aceptamos que esta profeca es sobre Jesucristo, es evidente que ya no exista ms que Jud en ese momento de la primera Venida del Seor, por lo que en esta visin la ruptura o cisma histrico del pueblo de Israel es claramente el tipo de la separacin entre los judos que rechazarn a Jess y el resto de ellos que s lo aceptan y reconocen, junto a los gentiles que tambin entrarn en la Iglesia, lo que constituye el antitipo. Esto lo desarrolla San Pablo en la Carta a los Romanos, captulos 9 al 11, cuyas afirmaciones se pueden resumir diciendo que el pueblo de Israel, tomando una posicin contraria o a favor de Cristo, queda dividido en dos porciones: una, aceptando a Cristo, se convierte en la Iglesia, el verdadero Israel, nuevo pueblo de Dios, prolongacin del antiguo Israel, que ser el realizador de sus promesas. Continuidad profunda y verdadera que, incorporando al pueblo elegido las naciones paganas, conserva como ncleo el resto anunciado por los profetas los judos creyentes en Cristo- y constituye la primitiva Iglesia. La otra parte, rechazndolo, conforma el Israel infiel, que pierde su eleccin, sus privilegios, y, como grupo, se coloca fuera de la salvacin. Israel no ha perdido la eleccin fundamental de Dios por la que todos los hombres son llamados a la salvacin, sino la eleccin particular que hizo de Israel el depositario de la esperanza de salvacin y guardin de los privilegios divinos, que pertenecen hoy a la Iglesia. Por lo tanto, este desarrollo nos clarifica un hecho sumamente trascendental, que es otra faceta de la llave maestra q